Un frágil alto el fuego se mantiene ahora entre Estados Unidos, Israel e Irán, sin embargo, un progreso sustancial en la resolución de desacuerdos fundamentales sigue siendo esquivo tras las recientes conversaciones. La ausencia de un acuerdo político integral apunta a un probable conflicto congelado, un estado donde las hostilidades continúan por debajo del umbral del combate a gran escala, según los analistas Jessica Genauer y Benedict Moleta. Este resultado refleja patrones históricos de disputas geopolíticas sin resolver.
El cese actual de las hostilidades importantes, aunque bienvenido por muchos, no indica una paz duradera. En cambio, el consenso entre observadores como Jessica Genauer, Directora Académica del Instituto de Políticas Públicas de UNSW Sydney, y Benedict Moleta, estudiante de doctorado en la Universidad Nacional Australiana, sugiere un estado prolongado de tensión sin resolver. Esta situación, a menudo denominada 'conflicto congelado', se caracteriza por violencia intermitente y disputas subyacentes persistentes.
Tales conflictos no son estáticos. Se gestan. El enfoque del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia la política exterior ha favorecido consistentemente declarar los altos el fuego como éxitos definitivos en lugar de pausas temporales para negociaciones más profundas.
A menudo pasa rápidamente al siguiente desafío global. Este patrón ha sido evidente en múltiples escenarios. Por ejemplo, tras un breve conflicto armado el año pasado entre India y Pakistán, Trump declaró el fin de las hostilidades.
Sin embargo, el riesgo de renovados enfrentamientos entre Nueva Delhi e Islamabad persiste, alimentado por agravios territoriales y estratégicos sin resolver. De manera similar, las disputas fronterizas entre Tailandia y Camboya el año pasado vieron un cese de los combates importantes, pero una paz duradera sigue estando fuera de alcance. Estos no son tratados de paz.
Son simplemente pausas. Esto es lo que no le están diciendo: Estas declaraciones, aunque políticamente convenientes, a menudo dejan que los problemas centrales se enconen. La estrategia del presidente, según algunos informantes de la administración que hablaron extraoficialmente, prioriza la imagen de resolución de conflictos sobre el minucioso trabajo de un acuerdo diplomático integral.
Esto crea efectivamente una serie de conflictos de bajo nivel y sin resolver que pueden estallar en cualquier momento. Los números no cuadran para la estabilidad a largo plazo bajo este modelo. Otro factor crítico que empuja la situación actual hacia un conflicto congelado es la asimetría inherente de la guerra.
Por un lado, se encuentra el abrumador poder militar de Estados Unidos e Israel. Por el otro, Irán, una fuerza convencional significativamente más débil. Teherán ha empleado intencionalmente tácticas asimétricas para contrarrestar esta disparidad.
Esto incluye atacar infraestructuras energéticas en naciones del Golfo Pérsico no directamente involucradas en la guerra. También cerraron el Estrecho de Ormuz al tráfico marítimo comercial, una medida diseñada para perturbar la economía global y aplicar presión económica. Esta es una estrategia deliberada.
La investigación sobre la guerra asimétrica demuestra consistentemente su naturaleza prolongada y a menudo abierta. Tales conflictos rara vez concluyen con acuerdos políticos duraderos. El actor más débil reconoce su incapacidad para ganar un enfrentamiento militar convencional contra un adversario más fuerte.
En cambio, busca agotar a la nación más poderosa a través de una presión política, económica y psicológica sostenida. Esta estrategia tiene como objetivo forzar una retirada o un cese de hostilidades en términos favorables para la parte más débil. Irán está jugando a largo plazo.
Esto refleja la experiencia de los talibanes en Afganistán. Sobrevivieron dos décadas en un conflicto congelado con Estados Unidos y sus aliados. Tras la retirada de EE. UU., los talibanes retomaron rápidamente el control del país.
Irán, al aceptar el actual alto el fuego, busca la supervivencia y una pausa estratégica, no un compromiso con una paz final y exhaustiva. Siga la influencia, no la retórica. La influencia de Irán proviene de su capacidad para infligir daño económico y mantener una amenaza creíble de escalada, incluso sin igualar el poder militar convencional.
Ni Washington ni Teherán parecen genuinamente comprometidos con una resolución a largo plazo de las tensiones subyacentes que encendieron este conflicto. Un elemento central de estas tensiones es el programa nuclear de Irán. Para Estados Unidos, la negativa de Irán a ceder en sus ambiciones nucleares llevó a la interrupción de la primera ronda de conversaciones de paz en Pakistán los días 11 y 12 de abril.
Teherán, por su parte, ha afirmado consistentemente un derecho inalienable a enriquecer uranio, citando propósitos de energía civil. Este es un desacuerdo fundamental. Los precedentes históricos subrayan la dificultad de resolver disputas nucleares tan complejas rápidamente.
Las negociaciones que culminaron en el acuerdo multilateral de 2015 sobre el programa nuclear de Irán, conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), tardaron 20 meses en concluir. El camino a seguir es incierto. e Irán podría anunciar un acuerdo parcial. Tal acuerdo probablemente pospondría muchos aspectos técnicos para una resolución posterior.
Sin embargo, Irán ha demostrado su determinación al afirmar una nueva normalidad geoestratégica. Sus acciones, como el cierre del Estrecho de Ormuz y la interrupción de la economía global, indican un socio poco probable de volverse más complaciente con respecto a sus derechos nucleares a largo plazo. Teherán ha trazado una línea.
El costo económico de un conflicto congelado se extiende más allá del gasto militar directo. La inestabilidad persistente en el Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento crítico para los envíos mundiales de petróleo, introduce volatilidad en los mercados energéticos. Esta incertidumbre puede disuadir la inversión extranjera en el Oriente Medio en general.
Interrumpe las cadenas de suministro. El comercio regional sufre. El costo humano, aunque menos visible que una guerra a gran escala, se manifiesta en desplazamientos prolongados, medios de vida interrumpidos y un estado constante de ansiedad para las poblaciones que viven bajo la sombra de posibles estallidos.
Esta situación guarda un sorprendente parecido con el conflicto congelado en Gaza tras el alto el fuego de octubre. Bajo el plan de paz de 20 puntos de Trump, una fase inicial llevó a un intercambio de rehenes y prisioneros, la reducción de los bombardeos pesados por parte de Israel y la reanudación de la ayuda en la franja. Sin embargo, el progreso se estancó en cuestiones más complejas.
La gobernanza de Gaza después de la guerra, su reurbanización y el desarme de los combatientes de Hamás siguen sin resolverse. Israel, en consecuencia, se ha negado a retirar completamente sus tropas. La violencia persiste en focos.
Otro paralelo histórico instructivo es la Guerra de Corea. Terminó con un armisticio en 1953, no con un tratado de paz. Esto dejó a Corea del Norte y Corea del Sur técnicamente en guerra hasta el día de hoy.
Una consecuencia directa de este estado sin resolver fue el desarrollo por parte de Corea del Norte de un programa clandestino de armas nucleares, que sigue planteando una amenaza global significativa. De manera similar, el conflicto congelado de décadas entre India y Pakistán ha alimentado una carrera armamentista, incluido el desarrollo de capacidades nucleares por parte de ambas naciones, contribuyendo a la inestabilidad persistente en el sur de Asia y a confrontaciones violentas periódicas. Estas son historias de advertencia.
Un conflicto congelado entre EE. UU., Israel e Irán sin duda fomentará una inestabilidad similar a largo plazo en todo Oriente Medio. Esto incluye el potencial de una carrera armamentista regional acelerada, posiblemente involucrando la proliferación nuclear. Se esperan estallidos periódicos de violencia. y de Irán, o de ambos simultáneamente.
El control sobre el Estrecho de Ormuz seguirá siendo un punto crítico de conflicto, influyendo en la seguridad energética global. - El actual alto el fuego entre EE. UU., Israel e Irán es probablemente una pausa temporal, no un acuerdo de paz integral. - El enfoque de la política exterior del presidente Trump tiende a declarar los altos el fuego como éxitos definitivos, a menudo dejando los problemas centrales sin resolver. - Las tácticas asimétricas de Irán, incluidas las interrupciones en el Estrecho de Ormuz, buscan agotar a adversarios más fuertes en lugar de lograr una victoria convencional. - Los desacuerdos fundamentales, particularmente sobre el programa nuclear de Irán, impiden una resolución rápida y duradera. Por qué importa: Un conflicto congelado asegura una inestabilidad continua en una región geopolíticamente vital. Para los mercados globales, significa una incertidumbre persistente con respecto al suministro de petróleo y las rutas de envío.
Para las poblaciones regionales, promete un futuro de tensión continua y el riesgo siempre presente de hostilidades renovadas. Esto no es meramente un estancamiento diplomático; es un plan para una guerra prolongada de bajo nivel con consecuencias de gran alcance para la seguridad internacional y la economía global. De cara al futuro, los observadores deberían monitorear cualquier intento de reiniciar las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán.
La voluntad de Teherán de hacer concesiones, o su mayor atrincheramiento en el enriquecimiento de uranio, señalará la verdadera trayectoria. La frecuencia e intensidad de los incidentes navales en el Golfo Pérsico, particularmente alrededor del Estrecho de Ormuz, también servirán como indicadores críticos de la temperatura del conflicto. o las acciones de represalia de Irán ilustrarán la dinámica cambiante del poder. Esta es una situación que exige vigilancia constante.
Puntos clave
— El actual alto el fuego entre EE. UU., Israel e Irán es probablemente una pausa temporal, no un acuerdo de paz integral.
— El enfoque de la política exterior del presidente Trump tiende a declarar los altos el fuego como éxitos definitivos, a menudo dejando los problemas centrales sin resolver.
— Las tácticas asimétricas de Irán, incluidas las interrupciones en el Estrecho de Ormuz, buscan agotar a adversarios más fuertes en lugar de lograr una victoria convencional.
— Los desacuerdos fundamentales, particularmente sobre el programa nuclear de Irán, impiden una resolución rápida y duradera.
Fuente: The Independent (via The Conversation)









