Ovey Friday, un estudiante universitario de 19 años en Nasarawa, se enfrentó a un sistema de identificación biométrica diseñado sin tener en cuenta sus necesidades específicas, un obstáculo al que muchos nigerianos con discapacidad se enfrentan a diario. Su experiencia, detallada por la BBC, pone de manifiesto los persistentes desafíos que enfrentan las personas para acceder a servicios fundamentales. Este punto de fricción subraya la lenta implementación de una ley de 2019 destinada a garantizar la igualdad de acceso, según los defensores de los derechos de las personas con discapacidad.
Ovey Friday, quien ahora estudia inglés y literatura en una universidad de Nasarawa, representa una historia de éxito nacida de una defensa excepcional. Se convirtió en el primero de su familia en acceder a la educación superior, un camino que casi se frustra por los mismos sistemas destinados a facilitarlo. Hace dos años, cuando Friday intentó el examen de ingreso universitario de Nigeria, administrado por la Junta Conjunta de Admisiones y Matriculación (Jamb), el proceso biométrico de huellas dactilares le falló.
El sistema no pudo registrar su huella dactilar cicatrizada ni las huellas de sus otros dos dedos dañados, una consecuencia directa de un trauma infantil. Friday, a los 13 años, fue acusado de brujería por su madrastra y sometido a tortura en un santuario tradicional en Nasarawa, lo que llevó a la amputación de su mano izquierda y a graves cicatrices en la derecha. Eso cambió el martes.
Su tutor, junto con activistas por los derechos de las personas con discapacidad, presionó con éxito a los funcionarios para que aceptaran la huella de su dedo del pie como una forma válida de identificación. Esta intervención, aunque efectiva para Friday, ilustra un problema más amplio. No todo el mundo posee una red así o los recursos para presionar por excepciones individuales. «No todo el mundo tiene a alguien que presione por ellos», dijo Friday a la BBC. «Algunas personas simplemente dejarán de intentarlo». Este sentimiento resuena en toda Nigeria, donde se estima que 35 millones de personas, aproximadamente el 15% de la población, viven con algún tipo de discapacidad, según Ayuba Burki-Gufwan, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional para Personas con Discapacidad (NCPWD).
Scarlett Eduoku, presentadora de radio en Kano, comparte frustraciones similares. Perdió su ojo izquierdo a los 18 meses de edad, una condición que hace que muchas aplicaciones de verificación de identidad fallen al escanear su rostro. Esta brecha tecnológica persistente significó que no pudo actualizar remotamente la tarjeta SIM de su teléfono de 3G a 5G.
En cambio, tuvo que viajar a la sede de su proveedor de telefonía en el centro de la ciudad de Kano, un viaje que para muchas personas con problemas de movilidad presenta su propio conjunto de obstáculos significativos. Tales tareas cotidianas se convierten en intrincadas expediciones para quienes navegan por un mundo no construido para ellos. Aquí está el número que importa: 35 millones de nigerianos.
Estas son personas que a menudo se enfrentan a la exclusión de los servicios públicos digitales. En 2019, el parlamento de Nigeria aprobó una legislación histórica, la Discrimination Against Persons with Disabilities (Prohibition) Act, que tenía como objetivo prohibir la discriminación y garantizar el acceso a los servicios públicos. Esta ley estableció la NCPWD para defender sus derechos.
Sin embargo, el cambio ha sido lento. Burki-Gufwan describió el ritmo de implementación a la BBC como «más o menos a paso de tortuga». Este lento avance frustra a los defensores que ven el marco legal existente como una base, no como una meta. El mercado te está diciendo algo.
Escucha. A pesar del progreso medido, Burki-Gufwan mantiene cierto grado de optimismo. Señala logros específicos.
Jamb, por ejemplo, ha eximido de las tasas de examen a las personas con discapacidad y ha establecido centros dedicados adaptados a estudiantes con diversas necesidades. Además, la Universidad Federal de Lafia en Nasarawa ha reducido las tasas de matrícula hasta en un 75% para estudiantes con discapacidad. Este incentivo financiero tuvo un efecto inmediato y notable. «De repente, la universidad experimentó un enorme aumento [en la matrícula]», señaló Burki-Gufwan, «porque cada persona con discapacidad quería beneficiarse». Estas iniciativas específicas demuestran que los ajustes de políticas pueden generar resultados rápidos y positivos.
Sin embargo, estos éxitos son aislados. Chukwuemeka Chimdiebere, un educador especial con sede en Lagos, insiste en que Nigeria debe intensificar sus esfuerzos para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos con discapacidad. «La inclusión no es un favor. Es una responsabilidad», dijo a la BBC.
Argumenta que la accesibilidad va mucho más allá de las modificaciones físicas como la construcción de rampas. Abarca una gama más amplia de consideraciones: intérpretes de lenguaje de señas en las aulas, materiales de aprendizaje adaptados para estudiantes con discapacidad visual, maestros adecuadamente capacitados y plataformas digitales diseñadas pensando en usuarios diversos. Elimina el ruido y la historia es más sencilla de lo que parece.
Muchas personas con discapacidad no están limitadas por sus impedimentos físicos o sensoriales, sugiere Chimdiebere. Están limitadas por sistemas que nunca fueron concebidos pensando en su participación. Esta distinción es crítica.
Abiose Falade, una autora de 48 años residente en Ibadan, usa una silla de ruedas y encapsula este desafío sistémico. No se percibió a sí misma como diferente hasta que comenzó la escuela a los 10 años. «Me presentaron el mundo y sus complejidades», explicó a la BBC. «Las personas con discapacidad no eran exactamente parte de lo que el mundo quería». Este sentimiento persiste. «Hay una lista de lugares a los que puedo ir y una lista a los que no puedo», afirmó Falade. Cuando sale, a menudo lleva a alguien con ella.
Esto la ayuda a lidiar con el escrutinio público. «Cuando la gente empieza a mirar fijamente, a señalar, no me doy cuenta. Es más fácil que enfrentarlo sola».
El entorno físico en muchas ciudades nigerianas agrava estas dificultades. Las aceras son frecuentemente irregulares o abruptamente interrumpidas por amplias brechas en los canales de drenaje abiertos, diseñados para el mantenimiento pero peligrosos para los peatones. Los bordillos rebajados, esenciales para los usuarios de sillas de ruedas, son escasos.
En las zonas rurales, la ausencia total de aceras obliga a los usuarios de sillas de ruedas a transitar por carreteras inseguras, a menudo sin pavimentar. Los edificios públicos rara vez incorporan rampas, lo que hace que el acceso a bancos, hospitales u oficinas gubernamentales sea imposible sin asistencia. Esta falta de infraestructura no es meramente un inconveniente; es una barrera fundamental para la participación cívica y la actividad económica.
Sumado al desafío, Nigeria depende completamente de las importaciones para los dispositivos de asistencia esenciales. Cada silla de ruedas, audífono y dispositivo de movilidad debe ser importado del extranjero. «Si nueve de cada 10 personas con discapacidad requieren algún tipo de dispositivo de asistencia y ninguno se fabrica localmente, entonces tenemos un enorme desafío entre manos», observó Burki-Gufwan. Esta dependencia crea vulnerabilidades en la cadena de suministro y eleva los costos, dejando herramientas vitales fuera del alcance de muchos.
Es un cuello de botella económico y social. Opeyemi Ademola, un gerente de proyectos de 28 años en Lagos, vive con pérdida auditiva mixta, una discapacidad que no es inmediatamente visible. Describe la intensa concentración requerida para cada reunión y cómo los entornos ruidosos lo dejan mentalmente agotado. «La gente asume que si puedes hablar con fluidez, no experimentas desafíos de comunicación», dijo a la BBC.
Argumenta que la accesibilidad no se trata meramente de la capacidad inherente, sino de la provisión del apoyo necesario. Ajustes simples, como resúmenes escritos después de las reuniones o subtítulos en las videollamadas, podrían mejorar significativamente su experiencia y productividad. Estas no son soluciones complejas.
Los defensores ahora están pidiendo un cambio de política específico: reservar el 1% de los presupuestos en todos los niveles de gobierno para personas con discapacidad. Argumentan que, si bien la financiación pública limitada y las prioridades contrapuestas a menudo retrasan la implementación de medidas de accesibilidad, un compromiso más fuerte y una aplicación rigurosa de las leyes existentes son tan cruciales como el aumento de las asignaciones financieras. Expandir la infraestructura inclusiva y la producción nacional de tecnologías de asistencia exigiría una inversión sustancial, pero los pasos iniciales implican voluntad política y rendición de cuentas.
El camino a seguir es claro. Puntos clave: - Se estima que 35 millones de nigerianos, el 15% de la población, viven con una discapacidad, enfrentando barreras sistémicas a pesar de una ley antidiscriminación de 2019. - Los sistemas de identificación biométrica y la infraestructura física a menudo excluyen a las personas con discapacidad de los servicios esenciales y los espacios públicos. - Los defensores enfatizan que la inclusión es una responsabilidad del gobierno, que requiere más que solo rampas, sino también adaptaciones digitales, personal capacitado y producción local de dispositivos de asistencia. - Las iniciativas específicas, como la exención de tasas para estudiantes con discapacidad, demuestran que los cambios de política pueden aumentar rápidamente el acceso y la participación. Burki-Gufwan espera un futuro donde la «verdadera accesibilidad» se convierta en una realidad para las personas con discapacidad en Nigeria.
Esta visión, explica, significa que ninguna persona sea excluida del empleo, la educación o la participación política. Para Ovey Friday, que se está adaptando a la vida universitaria, el viaje continúa. Está aprendiendo a escribir de nuevas maneras, a manejar la vida independiente y a forjar nuevas amistades.
Su perseverancia, y la de innumerables otros, seguirá desafiando las estructuras existentes y presionando por una sociedad donde la oportunidad sea verdaderamente universal. Los responsables políticos deben ahora ir más allá de las declaraciones aspiracionales y hacer cumplir el espíritu de la ley de 2019. Las próximas discusiones sobre el presupuesto nacional revelarán si la asignación del 1% para iniciativas de discapacidad gana terreno.
Esté atento a los compromisos tangibles para la mejora de la infraestructura y la fabricación local de dispositivos de asistencia en el próximo año.
Puntos clave
— - Se estima que 35 millones de nigerianos, el 15% de la población, viven con una discapacidad, enfrentando barreras sistémicas a pesar de una ley antidiscriminación de 2019.
— - Los sistemas de identificación biométrica y la infraestructura física a menudo excluyen a las personas con discapacidad de los servicios esenciales y los espacios públicos.
— - Los defensores enfatizan que la inclusión es una responsabilidad del gobierno, que requiere más que solo rampas, sino también adaptaciones digitales, personal capacitado y producción local de dispositivos de asistencia.
— - Las iniciativas específicas, como la exención de tasas para estudiantes con discapacidad, demuestran que los cambios de política pueden aumentar rápidamente el acceso y la participación.
Fuente: BBC News
