Una empresa israelí de biotecnología, Groundwork BioAg, está implementando un hongo natural del suelo, la micorriza, en 15 países, alterando drásticamente las prácticas agrícolas y los esfuerzos de mitigación climática. La tecnología permite a los agricultores aumentar significativamente el rendimiento de los cultivos mientras secuestran dióxido de carbono directamente en el suelo, un doble beneficio económico y ambiental, según Dan Grotsky, Director de Crecimiento de la empresa. Esta solución ancestral, que se perdió con la labranza moderna, está demostrando ser una respuesta rápida y escalable tanto para la seguridad alimentaria como para la reducción del carbono atmosférico.
La industrialización de la agricultura durante los últimos dos siglos y medio ha remodelado fundamentalmente la producción mundial de alimentos, pero no sin costos ambientales significativos. La labranza, una piedra angular de la agricultura moderna, ha liberado inadvertidamente un estimado de 800 gigatoneladas de dióxido de carbono del suelo a la atmósfera, un volumen casi equivalente a todas las emisiones de combustibles fósiles durante el mismo período. Esta transferencia masiva de carbono de la tierra al aire subraya un desequilibrio crítico, uno que las estrategias climáticas tradicionales centradas únicamente en la reducción de emisiones luchan por abordar por completo.
Resolver este excedente de carbono atmosférico exige soluciones que eliminen activamente el carbono, no solo que reduzcan su liberación continua. Durante décadas, los agrónomos han buscado métodos para restaurar la salud del suelo y sus capacidades naturales de almacenamiento de carbono. Un elemento clave en esta búsqueda ha sido el hongo micorriza, un organismo microscópico que forma una relación simbiótica con las raíces de las plantas.
Estos hongos extienden una vasta red de finos filamentos, expandiendo eficazmente el sistema radicular de la planta para acceder a nutrientes que de otro modo no estarían disponibles. A cambio, los hongos consumen azúcares a base de carbono producidos por la planta a través de la fotosíntesis, fijando ese carbono en la estructura del suelo. Esta asociación natural mantuvo suelos fértiles durante 400 millones de años.
Sin embargo, la alteración mecánica repetida del suelo mediante la labranza destruye estas redes fúngicas beneficiosas. Esto deja la tierra cultivada con una capacidad disminuida para retener carbono. El desafío para los investigadores se hizo evidente: cómo reintroducir y mantener la micorriza en los sistemas agrícolas modernos sin exigir a los agricultores que abandonen generaciones de práctica.
El Instituto Volcani de Investigación Agrícola de Israel dedicó un cuarto de siglo al estudio de estos hongos. Sus científicos trabajaron para formular micorrizas para aplicaciones de investigación, explorando su simbiosis con diversas plantas. Basándose en este trabajo fundamental, Groundwork BioAg se estableció en 2014.
La nueva empresa tenía como objetivo comercializar la investigación, optimizar los métodos de producción e identificar aplicaciones rentables para los agricultores de todo el mundo. Desde entonces, los productos de la empresa se han implementado en un millón de hectáreas, o aproximadamente 2.5 millones de acres, en 15 países. Estas aplicaciones han mostrado consistentemente un aumento en el rendimiento de los cultivos, una menor dependencia de los fertilizantes químicos y una mayor protección contra el estrés de los cultivos.
Dan Grotsky, Director de Crecimiento y cofundador de Groundwork BioAg, enfatiza la simplicidad de la integración para los agricultores. "Nuestro principio rector es que el producto no cambia en absoluto la forma en que trabajan los agricultores", dijo Grotsky a Haaretz. Los agricultores simplemente añaden el producto de micorriza, disponible en polvo o líquido, a los tanques donde ya tratan sus semillas con pesticidas e insecticidas. Este método simplifica la adopción.
Minimiza las interrupciones. El significativo potencial de secuestro de carbono de la micorriza, aunque siempre se entendió en teoría, solo recientemente obtuvo una apreciación completa dentro de Groundwork BioAg. "Con el aumento de la preocupación mundial por el carbono, decidimos investigar más a fondo", explicó Grotsky a Haaretz. "Siempre supimos que la micorriza tiene un papel en el ciclo del carbono, pero no fue hasta que examinamos el proceso de simbiosis en sí mismo que 'cayó la ficha' y comprendimos su gran significado". Esta comprensión cambió el enfoque de la empresa, añadiendo una dimensión ambiental crucial a sus beneficios agrícolas. Grotsky ilustró vívidamente este impacto con una fotografía.
Mostraba campos brasileños cultivados, algunos plantados con plantas de soja tratadas con micorrizas y otros sin ellas. La diferencia en el color de los cultivos era sorprendentemente visible. Más allá de la evidencia visual, el mecanismo científico es sencillo: la planta alimenta al hongo con carbono, y el hongo fija ese carbono en el suelo, evitando su liberación de nuevo a la atmósfera, particularmente durante los ciclos de labranza posteriores. "El carbono micorrícico resuelve el problema del exceso de carbono en la atmósfera y su déficit en el suelo", afirmó Grotsky.
Continuó: "Es decir, si devolvemos la tierra agrícola a su estado natural, no solo reducimos las emisiones de carbono, sino que reparamos los siglos de daño que hemos causado". Esta es una afirmación poderosa. El concepto de agricultura regenerativa también tiene como objetivo restaurar la salud del suelo y el contenido de carbono. Sin embargo, tales prácticas a menudo exigen una revisión completa de los métodos agrícolas, incluyendo evitar la labranza y reducir los insumos químicos.
Esto presenta una barrera significativa para la adopción generalizada. "Lo ideal es que todo el mundo cambie a la agricultura regenerativa", reconoció Grotsky. Pero esto requiere que los agricultores abandonen prácticas establecidas, métodos transmitidos de generación en generación. En consecuencia, la agricultura regenerativa actualmente representa solo el 0.7 por ciento de la agricultura mundial.
Incluso las proyecciones optimistas sugieren que no superará el 20 por ciento para 2050. La solución de Groundwork BioAg elude este obstáculo. Ofrece una forma de rejuvenecer la agricultura para uso inmediato, sin requerir cambios tan extensos.
Los experimentos de la empresa en Israel y Estados Unidos, realizados durante el último año, midieron los niveles de Carbono Orgánico del Suelo (COS) antes y después del tratamiento con Rootella, uno de sus productos principales. Grotsky informó que el efecto fue significativamente más rápido y en una proporción mucho mayor que otros modelos de agricultura regenerativa, que típicamente fijan hasta 2 toneladas de dióxido de carbono por hectárea durante un mínimo de cinco años. Esta velocidad y eficiencia son diferenciadores clave.
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Más allá de los beneficios agrícolas y ambientales directos, esta tecnología abre nuevas vías económicas para los agricultores. Las soluciones proactivas de captura de carbono, como las que ofrece la micorriza, generan créditos de carbono de alta calidad. Estos créditos pueden ser negociados con empresas y naciones que buscan cumplir con las cuotas de carbono.
Gigantes tecnológicos, grandes bancos y empresas del S&P 500 compran con frecuencia cientos de miles de unidades de crédito anualmente. Estados Unidos y la Unión Europea también otorgan subvenciones para este tipo de soluciones innovadoras. Esto crea una nueva fuente de ingresos.
Los primeros créditos de carbono para un proyecto que utiliza micorrizas de Groundwork BioAg se emitieron este año en Estados Unidos. Grotsky describió esto como "probablemente el primer crédito jamás otorgado por un producto de micorriza". Proyectó la escala del impacto futuro, señalando: "Con el millón de hectáreas que hemos cubierto hasta la fecha, ya hemos secuestrado varias megatoneladas de carbono en el suelo, y estamos en camino de secuestrar gigatoneladas en una década". Estos son volúmenes enormes. Los números en el manifiesto de envío cuentan la verdadera historia de esta implementación global.
Los orígenes de Groundwork BioAg se remontan a una conversación fortuita. Dan Grotsky, un ex profesional de software e IA, se comprometió personalmente en 2008 a dedicar su carrera a la sostenibilidad. En 2013, mientras dirigía el club de exalumnos de la MIT Sloan School of Business en Israel, invitó al Dr.
Yossi Kofman, un emprendedor en serie con experiencia en microchips y hardware, para dar una conferencia. Kofman había desarrollado un interés en las tecnologías limpias. Grotsky, entonces involucrado en proyectos agrícolas financiados por el Banco Mundial en Moldavia, vio potencial en mejorar la nutrición de las plantas. "Conversando con Yossi después de la conferencia, le dije que veía un gran potencial en la nutrición de las plantas, particularmente en la reducción del enorme desperdicio de fertilizantes químicos, la mayoría de los cuales contaminan en lugar de alimentar a la planta", relató Grotsky.
Decidieron explorar métodos más eficientes de alimentación vegetal. Poco después, Grotsky conoció a Danny Levy, un investigador del Instituto Volcani, en el Centro Heschel para la Sostenibilidad. Levy estaba dando una conferencia sobre micorrizas.
Grotsky recordó: "¡Se puede decir que me enamoré de un hongo!". Los tres futuros socios examinaron los datos, dándose cuenta de la viabilidad comercial de su idea. Renunciaron a sus puestos existentes, obtuvieron una licencia exclusiva del Instituto Volcani y fundaron Groundwork BioAg. Kofman se convirtió en CEO, Grotsky en CGO y Levy en CTO.
Más tarde incorporaron a Hanan Dor como CCO y a Bari Ruimy como CFO, formando un equipo con experiencia diversa. Hoy en día, la empresa emplea a 70 personas, incluyendo biólogos, microbiólogos, químicos y agrónomos. Su sede se encuentra en Moshav Mazor, cerca de Petach Tikva, Israel.
Una planta de producción opera en la región norte de Arava. La empresa mantiene oficinas internacionales en Estados Unidos, China, India y Brasil, donde recientemente adquirió una participación en su importador exclusivo, NovaTero. Esta huella global es fundamental para la escalabilidad.
Groundwork BioAg ha recaudado 40 millones de dólares en capital de riesgo, con su ronda de financiación más reciente liderada por Climate Innovation Capital de Canadá, junto con MoreVC Fund de Israel, Ibex Fund y Middleland Capital de Estados Unidos, BASF de Alemania y el HSBC Climate Fund. Grotsky cree que el sector aún está en desarrollo. "El gran dinero vendrá del mercado, del sector privado", afirmó. El modelo de negocio ha sido probado en millones de acres.
Añadir créditos de carbono como fuente de ingresos permitirá a la empresa atraer el capital necesario. "Nos estamos convirtiendo en una empresa de créditos de carbono, lo que desde el punto de vista de los agricultores, es literalmente 'imprimir dinero'", observó. Esto ilustra cómo la política comercial es política exterior por otros medios, dando forma a los incentivos y las prácticas agrícolas a nivel mundial. Muchas empresas de bioagricultura invierten fuertemente en la búsqueda de organismos novedosos o modificaciones genéticas.
Groundwork BioAg, por el contrario, comenzó con una entidad conocida. "Con nosotros, ha sido al revés", explicó Grotsky. "Empezamos con el producto –un hongo que todo el mundo sabe que funciona– pero nadie sabía cómo producirlo". Gran parte de su investigación y desarrollo se centró en crear una formulación simple y rentable que funcionara de manera fiable en el campo. Lo lograron. La empresa ahora posee un sistema de producción escalable capaz de producir miles de millones, incluso billones, de esporas de micorriza.
La distribución se realiza principalmente a través de distribuidores y canales agrícolas existentes. Si bien las ventas en línea son menos comunes para los cultivos de campo, la empresa espera que su producto se convierta en un producto básico estándar junto con los fertilizantes químicos en pocos años. Las ventas minoristas existen para mercados especializados como el cannabis, a través de plataformas como Amazon, Walmart y eBay.
Sin embargo, el mayor impacto en el secuestro de carbono provendrá de los cultivos de campo a gran escala: maíz, soja y trigo. "Ahí es donde estamos dirigiendo la mayor parte de nuestro esfuerzo", confirmó Grotsky. Añadió: "Creemos que el doble evangelio de la agricultura y el medio ambiente se manifestará allí con toda su fuerza". Siga la cadena de suministro y verá el impacto. Por qué es importante:
Este desarrollo ofrece un camino práctico para abordar dos desafíos globales apremiantes: la seguridad alimentaria y el cambio climático. Al mejorar el rendimiento de los cultivos y reducir la dependencia de los fertilizantes, la tecnología de Groundwork BioAg puede reforzar la resiliencia agrícola en un mundo en calentamiento. Simultáneamente, su capacidad para el secuestro rápido y a gran escala de carbono presenta una herramienta tangible para reducir el dióxido de carbono atmosférico, un paso crítico más allá de la mera reducción de emisiones. Los incentivos económicos a través de los créditos de carbono podrían acelerar la adopción, cambiando fundamentalmente la economía agrícola e influyendo en las políticas comerciales internacionales relacionadas con las prácticas sostenibles y los mercados de carbono.
Conclusiones clave: - Groundwork BioAg utiliza el hongo micorriza para aumentar el rendimiento de los cultivos y secuestrar carbono en los suelos agrícolas de 15 países. - La tecnología se integra fácilmente en las prácticas agrícolas existentes, superando los obstáculos de adopción que enfrenta la agricultura regenerativa tradicional. - Los agricultores obtienen una mayor rentabilidad a través de mayores rendimientos, menores costos de insumos y la creación de créditos de carbono negociables. - La empresa tiene como objetivo secuestrar gigatoneladas de carbono en una década, contribuyendo significativamente a los esfuerzos globales de mitigación climática. De cara al futuro, la expansión de los programas de créditos de carbono de Groundwork BioAg será un indicador crítico de su impacto más amplio. Esté atento a que otros países implementen marcos similares para el secuestro de carbono agrícola.
La escala de adopción en las principales regiones productoras de cereales, particularmente para el maíz, la soja y el trigo, determinará las gigatoneladas reales de carbono eliminadas de la atmósfera. Las futuras rondas de capital de riesgo y las asociaciones estratégicas, particularmente en los mercados emergentes, señalarán la trayectoria de crecimiento de la empresa. El éxito de este enfoque podría sentar un nuevo precedente sobre cómo la política comercial agrícola se alinea con los objetivos ambientales, remodelando potencialmente las cadenas de suministro de alimentos globales y los costos para el consumidor.
Conclusiones clave
— - Groundwork BioAg utiliza el hongo micorriza para aumentar el rendimiento de los cultivos y secuestrar carbono en los suelos agrícolas de 15 países.
— - La tecnología se integra fácilmente en las prácticas agrícolas existentes, superando los obstáculos de adopción que enfrenta la agricultura regenerativa tradicional.
— - Los agricultores obtienen una mayor rentabilidad a través de mayores rendimientos, menores costos de insumos y la creación de créditos de carbono negociables.
— - La empresa tiene como objetivo secuestrar gigatoneladas de carbono en una década, contribuyendo significativamente a los esfuerzos globales de mitigación climática.
Fuente: Haaretz









