La guerra que involucra a Irán ha empeorado significativamente las perspectivas económicas mundiales, lo que ha llevado al Fondo Monetario Internacional a rebajar sus proyecciones de crecimiento para 2026, según declaró la organización en su informe semestral Perspectivas de la Economía Mundial publicado el 14 de abril. Se espera que el crecimiento global alcance solo el 3.1 por ciento este año, una reducción notable del 3.4 por ciento pronosticado antes de que comenzara el conflicto a finales de febrero, según el economista jefe del FMI, Pierre-Olivier Gourinchas. "Las perspectivas globales se han ensombrecido abruptamente tras el estallido de la guerra", advirtió Gourinchas, enfatizando la amenaza de una crisis energética sin precedentes.
Antes del estallido del conflicto, la economía mundial había estado ganando impulso, impulsada por un aumento en las inversiones tecnológicas y una disminución de las tensiones comerciales globales. El apoyo fiscal en varias naciones también contribuyó. Las condiciones financieras eran favorables.
Esta trayectoria positiva se ha detenido ahora. El Sr. Gourinchas señaló el cierre del Estrecho de Ormuz y los daños sustanciales a instalaciones de producción críticas en Oriente Medio como los principales factores disruptivos.
Esta región es fundamental para el suministro global de hidrocarburos. Estos factores, explicó, podrían desencadenar una crisis energética de una magnitud nunca antes vista. Las implicaciones de este cambio económico son de gran alcance.
Lo que esto realmente significa para su familia a menudo se mide en el precio del pan y cuánto cuesta llenar el tanque de gasolina. La perspectiva revisada del FMI proyecta que la inflación global alcanzará el 4.4 por ciento en 2026, un aumento considerable del 3.7 por ciento anticipado anteriormente. Este salto se debe en gran parte al fuerte aumento de los precios de la energía directamente relacionado con la guerra.
Los precios del petróleo han superado los 100 dólares por barril. Los precios del gas natural han subido más del 80 por ciento. Estos crecientes costos de la energía se traducen directamente en mayores gastos para casi todos los bienes y servicios intensivos en energía.
Piense en el costo de los fertilizantes para los cultivos, los productos químicos utilizados en la fabricación y los gastos de transporte para todo, desde comestibles hasta pedidos en línea. Incluso calentar los hogares se vuelve más caro. Esta dinámica interrumpe las cadenas de suministro.
También reduce el poder adquisitivo de los hogares comunes, particularmente las familias de clase trabajadora que a menudo gastan una mayor parte de sus ingresos en bienes esenciales como alimentos y combustible. "El efecto directo del aumento de los precios de las materias primas representa un choque de oferta negativo de manual", explicó Gourinchas, detallando cómo esto alimenta la inflación general y disminuye lo que un salario puede comprar. Entre las naciones del G7, el Reino Unido experimentó la mayor rebaja en su pronóstico de crecimiento, con el FMI recortando su proyección en 0.5 puntos porcentuales a un crecimiento del 0.8 por ciento. Estados Unidos también vio su pronóstico de crecimiento para 2026 recortado en 0.1 punto porcentual, situándose ahora en el 2.3 por ciento.
Si bien estas cifras pueden parecer pequeñas sobre el papel, representan miles de millones de dólares en actividad económica y afectan directamente la creación de empleo y el crecimiento salarial. Una desaceleración significa menos oportunidades. Las economías en desarrollo se enfrentan a una realidad aún más dura.
Se espera que muchos mercados emergentes se vean particularmente afectados. El pronóstico del África subsahariana fue rebajado en 0.3 por ciento, y ahora se proyecta que crecerá al 4.3 por ciento. La región de Oriente Medio y África del Norte sufrió la rebaja más significativa, un sustancial 2.8 puntos porcentuales, lo que redujo su crecimiento esperado a un mero 1.1 por ciento.
Esta reducción refleja ataques directos a la infraestructura y el bloqueo estratégico del Estrecho de Ormuz. Para los países que ya luchan con fragilidades económicas, esto representa un grave revés. Su camino hacia el desarrollo se vuelve más empinado.
Este estrecho paso marítimo, el Estrecho de Ormuz, se encuentra entre la península de Musandam de Omán e Irán. En su punto más angosto, mide aproximadamente 33 kilómetros de ancho. Funciona como el punto de estrangulamiento petrolero más significativo del mundo.
Aproximadamente una quinta parte de la producción mundial de petróleo transita por este estrecho. Un tercio del gas natural licuado (GNL) del mundo también pasa por él. Su cierre o interrupción tiene consecuencias inmediatas y de gran alcance para los suministros y precios globales de la energía, afectando a todos, desde grandes consumidores industriales hasta conductores individuales.
El FMI describió varios escenarios económicos, supeditados a la duración de la guerra. En el peor de los casos, que implica un conflicto largo y prolongado, el crecimiento global podría caer al dos por ciento. La inflación podría dispararse al seis por ciento.
Tal resultado equivaldría a una recesión mundial. La historia ofrece una perspectiva cruda: el crecimiento global ha caído por debajo de este umbral del dos por ciento solo cuatro veces desde 1980, más recientemente después de la pandemia de COVID-19 y la crisis financiera de 2008. Estos fueron momentos de inmensas dificultades para millones de familias.
Incluso en un escenario más optimista, donde la guerra concluye rápidamente y el Estrecho de Ormuz se reabre, las consecuencias económicas persisten. El FMI aún estima un aumento del 21.4 por ciento en los precios del petróleo este año. Los precios de las materias primas energéticas, inicialmente pronosticados para disminuir, en cambio, aumentarían en un 19 por ciento.
Esto significa mayores costos tanto para consumidores como para empresas. La política dice una cosa sobre la estabilidad del mercado, pero la realidad de un choque de oferta global dice otra, obligando a las familias a tomar decisiones difíciles sobre sus presupuestos. En medio de estas contracciones económicas generalizadas, una nación parece ser una excepción.
Se pronostica que la economía de Rusia crecerá un 1.1 por ciento en 2026. Esto representa un ligero aumento de su crecimiento del 1 por ciento el año pasado. También es un 0.3 por ciento más alto que el pronóstico anterior del FMI para Rusia este año.
Moscú se ha beneficiado de los elevados precios del petróleo. Estados Unidos también levantó temporalmente las sanciones sobre algunas exportaciones de petróleo ruso, lo que permitió al país capitalizar el turbulento mercado energético. Ambas partes reclaman la victoria en varias arenas diplomáticas, pero aquí están los números: la economía de Rusia, contra todo pronóstico, está experimentando un repunte mientras gran parte del mundo se prepara para una desaceleración.
Este resultado tiene importantes implicaciones geopolíticas, alterando potencialmente la dinámica de poder y el acceso a los recursos. La importancia más amplia de este oscurecimiento económico se extiende más allá de meros números en una hoja de cálculo. Para las familias trabajadoras en Miami, al igual que en la Ciudad de México, el aumento de la inflación significa un presupuesto más ajustado para los comestibles, precios más altos de la gasolina para el viaje diario y mayores costos para los servicios públicos básicos.
Significa menos oportunidades de ahorro y una mayor tensión financiera. Esta situación subraya cómo los conflictos geopolíticos, incluso aquellos a miles de kilómetros de distancia, impactan directamente los presupuestos familiares y la estabilidad económica a través de las fronteras. La naturaleza interconectada de los mercados globales asegura que las interrupciones en una región crítica se propaguen, afectando a todos. - El Fondo Monetario Internacional rebajó significativamente su pronóstico de crecimiento global para 2026 al 3.1 por ciento debido a la guerra que involucra a Irán. - El conflicto ha elevado las proyecciones de inflación global al 4.4 por ciento, impulsado principalmente por el aumento vertiginoso de los precios del petróleo y el gas natural. - El cierre del Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento energético clave, amenaza con una crisis energética sin precedentes. - Los mercados emergentes y las naciones del G7, incluidos el Reino Unido y Estados Unidos, enfrentan perspectivas de crecimiento reducidas, mientras que la economía de Rusia, paradójicamente, está preparada para crecer.
De cara al futuro, la trayectoria de la economía global depende en gran medida de la duración e intensidad del conflicto. Los lectores deben monitorear de cerca los precios del petróleo crudo y el estado del tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz. Cualquier interrupción sostenida allí seguirá ejerciendo una presión al alza sobre los costos de la energía.
Los responsables de la formulación de políticas en todo el mundo se enfrentarán a una presión creciente para abordar la inflación sin sofocar un crecimiento económico ya debilitado. Esté atento a los anuncios de los bancos centrales sobre las tasas de interés y a cualquier esfuerzo internacional coordinado para estabilizar los mercados energéticos en los próximos meses.
Puntos clave
— - El Fondo Monetario Internacional rebajó significativamente su pronóstico de crecimiento global para 2026 al 3.1 por ciento debido a la guerra que involucra a Irán.
— - El conflicto ha elevado las proyecciones de inflación global al 4.4 por ciento, impulsado principalmente por el aumento vertiginoso de los precios del petróleo y el gas natural.
— - El cierre del Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento energético clave, amenaza con una crisis energética sin precedentes.
— - Los mercados emergentes y las naciones del G7, incluidos el Reino Unido y Estados Unidos, enfrentan perspectivas de crecimiento reducidas, mientras que la economía de Rusia, paradójicamente, está preparada para crecer.
Fuente: Middle East Eye
