Los precios mundiales de los alimentos han mostrado solo aumentos modestos en los dos meses transcurridos desde el inicio de la guerra de Irán, una calma sorprendente que desmiente la creciente presión sobre los insumos agrícolas. Esta estabilidad no durará, según Matin Qaim, director ejecutivo del Centro de Investigación para el Desarrollo de la Universidad de Bonn, quien predice aumentos significativos en los próximos meses. El punto de estrangulamiento crítico del Estrecho de Ormuz, ahora restringido por Teherán, normalmente maneja un tercio del fertilizante transportado por mar y un cuarto del petróleo mundial, impactando directamente los costos de producción.
A pesar del conflicto en curso y las restricciones de Irán al transporte marítimo a través del Estrecho de Ormuz, los precios mundiales de los alimentos registraron un aumento relativamente modesto del 2.4% el mes pasado en comparación con febrero, según el índice de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Los precios de los cereales experimentaron un aumento aún menor, subiendo un 1.5%. Estas cifras contrastan fuertemente con los dramáticos picos de precios observados en 2022, cuando los mercados mundiales de alimentos lidiaron con las presiones combinadas de la invasión rusa de Ucrania y los efectos persistentes de la pandemia de COVID-19.
Los precios generales de los alimentos hoy se mantienen aproximadamente un 11% por debajo de su promedio de 2022. Esta calma actual del mercado, sin embargo, es engañosa. Las cuentas no cuadran.
Los costos de los insumos agrícolas, específicamente el combustible y los fertilizantes, se han disparado en todo el mundo desde que comenzó el conflicto. La discrepancia entre el aumento de los costos de producción y los precios minoristas relativamente estables se debe a un efecto de retraso significativo, un punto de amplio acuerdo entre los economistas. La mayor parte de los alimentos consumidos a nivel mundial se produjo antes de que la guerra escalara, utilizando inventarios existentes e insumos precomprados.
Sandro Steinbach, experto en política agrícola de la Universidad Estatal de Dakota del Norte, describió los recientes movimientos de precios como una "señal mixta, no una razón clara para la tranquilidad". Señaló que, si bien los mercados de fertilizantes y transporte marítimo pueden ajustar sus precios en días, la agricultura opera con plazos biológicos y estacionales. Esto es lo que no le están diciendo: el costo total del cierre del Estrecho aún no se ha trasladado a los consumidores. El Estrecho de Ormuz no es meramente una ruta de navegación; es una arteria crítica para el comercio global.
Su cierre por parte de Irán, en represalia por la guerra de Estados Unidos e Israel, interrumpe un flujo vital de materias primas. Este estrecho paso representa aproximadamente un tercio del fertilizante transportado por mar a nivel mundial y un cuarto del petróleo transportado por mar. Cualquier interrupción sostenida aquí se traduce directamente en mayores costos para los agricultores, quienes dependen en gran medida de estos insumos para mantener los rendimientos y alimentar al ganado.
Preste atención a la influencia, no a la retórica. Para las poblaciones vulnerables, las consecuencias podrían ser graves. Matin Qaim, de la Universidad de Bonn, advirtió que las personas pobres en África y Asia, que ya gastan una gran parte de sus ingresos en alimentos, serán las más afectadas. "El hambre y la desnutrición muy probablemente aumentarán", afirmó Qaim.
La FAO se hizo eco de esta preocupación la semana pasada, advirtiendo que una crisis prolongada en el Estrecho podría conducir a una "catástrofe" alimentaria global. Países como India, Bangladesh, Sri Lanka, Somalia, Sudán, Tanzania, Kenia y Egipto enfrentan el riesgo más inmediato, según la organización. El Programa Mundial de Alimentos proyectó el mes pasado que casi 45 millones de personas adicionales podrían enfrentar escasez aguda de alimentos si el conflicto persiste hasta mediados de año y los precios del petróleo se mantienen por encima de los 100 dólares por barril. Shouro Dasgupta, investigador de la Fondazione CMCC en Lecce, Italia, destacó cómo el aumento de los costos de la energía ya está impactando los presupuestos de los hogares en los países de bajos ingresos. "En muchos países de bajos ingresos, los precios del combustible se trasladan directamente a los precios minoristas de los alimentos, ya que el gasto en transporte representa una proporción mucho mayor del gasto total de los hogares en comparación con los países de altos ingresos", dijo Dasgupta a Al Jazeera.
Esto significa que, incluso antes de un posible impacto en la cosecha, las familias en ciudades como Dhaka, El Cairo y Lagos están sintiendo la presión. Ante el aumento de los precios de los alimentos, estos hogares a menudo se ven obligados a dejar de lado opciones nutritivas como frutas, verduras y proteínas para optar por alimentos básicos más baratos y ricos en calorías. Tales cambios dietéticos tienen consecuencias duraderas para la nutrición infantil y la salud pública a largo plazo.
Sin embargo, no todos los analistas comparten el mismo nivel de alarma con respecto a la gravedad del panorama inmediato. Elizabeth Robinson, profesora de economía ambiental en la London School of Economics, ofreció una visión más moderada. "Los mercados de cereales no están siendo interrumpidos, y los países no están reaccionando como lo hicieron en 2008", explicó Robinson, refiriéndose a las prohibiciones generalizadas de exportación que exacerbaron la crisis alimentaria de 2007-08. Esa crisis anterior, impulsada por la sequía, las bajas existencias de cereales y el aumento de los precios del petróleo, vio cómo los precios mundiales del trigo se disparaban más del 135%.
Esta vez, no ha habido una prisa comparable por prohibir las exportaciones de alimentos, salvo por restricciones menores de Irán y Kuwait, ninguno de los cuales son grandes proveedores mundiales de alimentos. "Por lo tanto, lo más probable es que no tengamos que preocuparnos por un aumento drástico de los precios de los alimentos en un futuro cercano", concluyó Robinson. Steve Wiggins, investigador del Overseas Development Institute en Londres, también sugirió que las previsiones pesimistas a menudo subestiman la adaptabilidad del mercado. Enfatizó la naturaleza diversa y dispersa de la agricultura global, lo que permite a los agricultores ajustar los sistemas de producción en respuesta a la disponibilidad y los precios cambiantes de los insumos.
Wiggins recordó cómo algunos analistas durante la crisis de 2007-08 declararon que el sistema alimentario estaba "roto" y predijeron que los precios de los cereales nunca volverían a la normalidad. "Estaban, gracias a Dios, equivocados", señaló, ya que los precios finalmente volvieron a niveles históricamente bajos. Esta resiliencia, argumentó Wiggins, proporciona un amortiguador contra los choques actuales. Sin embargo, cuanto más tiempo permanezca cerrado el Estrecho de Ormuz, mayor será la presión sobre los costos de los insumos.
Es probable que los precios de fertilizantes críticos como la urea, el amoníaco, el azufre y los fosfatos continúen su ascenso. La FAO ha estimado que los precios de los fertilizantes podrían ser un 20% más altos en promedio en la primera mitad de 2026 si la crisis persiste. El tráfico marítimo en el Estrecho ha vuelto a ser un goteo, después de un breve repunte de fin de semana, desde que Teherán anunció que las restricciones se mantendrían mientras continuara el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes.
Este enfrentamiento en curso es clave para la trayectoria del mercado. El presidente Donald Trump indicó en una entrevista el lunes con Bloomberg News que era poco probable que extendiera el alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán antes de su vencimiento el miércoles. Afirmó que no se apresuraría a un "mal acuerdo". Esto señala un posible endurecimiento de las posiciones, lo que podría prolongar las restricciones marítimas.
Kathy Baylis, experta en seguridad alimentaria de la Universidad de California, Santa Bárbara, quien asesoró a la Casa Blanca de George W. Bush, espera que las cifras de precios de los alimentos de abril sean peores que las de marzo. Ella monitoreará si la superficie sembrada para los principales cultivos disminuye esta primavera, un indicador potencial de que los agricultores están respondiendo al aumento de los precios de los insumos.
Incluso si la superficie sembrada se mantiene estable, una reducción en el uso de fertilizantes podría llevar a menores rendimientos. - El cierre del Estrecho de Ormuz crea un retraso significativo entre el aumento de los costos de los insumos y los precios minoristas de los alimentos. - Las poblaciones pobres en África y Asia enfrentan el mayor riesgo de aumento del hambre y la desnutrición. - A pesar de los modestos aumentos iniciales de precios, los expertos anticipan aumentos sustanciales en los próximos meses. - A diferencia de crisis pasadas, las prohibiciones generalizadas de exportación se han evitado en gran medida, ofreciendo cierta estabilidad al mercado. Esta situación es importante porque vincula directamente las maniobras geopolíticas con las mesas de millones de personas en todo el mundo. El Estrecho de Ormuz no es solo un corredor energético; es una arteria alimentaria.
Una interrupción prolongada no solo arriesga la inestabilidad económica, sino también una crisis humanitaria, particularmente en regiones ya vulnerables. Las decisiones tomadas hoy en Washington y Teherán determinarán el costo del sustento básico para las familias desde Dhaka hasta El Cairo mañana. Todos los ojos estarán ahora puestos en la inminente fecha límite del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán el miércoles.
Cualquier decisión del presidente Trump con respecto a su extensión influirá inmediatamente en la trayectoria de las restricciones de envío en el Estrecho y, en consecuencia, en los precios mundiales de fertilizantes y alimentos. Además, los mercados agrícolas observarán de cerca las decisiones de siembra y las previsiones tempranas de rendimiento en las principales regiones productoras de alimentos en las próximas semanas en busca de señales de una reducción en el uso de insumos, lo que indicaría la próxima fase de ajustes de precios.
Puntos clave
— - El cierre del Estrecho de Ormuz crea un retraso significativo entre el aumento de los costos de los insumos y los precios minoristas de los alimentos.
— - Las poblaciones pobres en África y Asia enfrentan el mayor riesgo de aumento del hambre y la desnutrición.
— - A pesar de los modestos aumentos iniciales de precios, los expertos anticipan aumentos sustanciales en los próximos meses.
— - A diferencia de crisis pasadas, las prohibiciones generalizadas de exportación se han evitado en gran medida, ofreciendo cierta estabilidad al mercado.
Fuente: Al Jazeera
