Han comenzado las negociaciones entre Washington y La Habana, impulsadas por el bloqueo naval impuesto por el presidente Donald Trump a los envíos de combustible a Cuba, que ha paralizado gravemente la economía de la isla desde finales de 2025. Esta apertura diplomática, tras décadas de relaciones tensas, ofrece una oportunidad para que los cubanoamericanos aborden reclamaciones de larga data por bienes confiscados, pero también conlleva una profunda aprensión de que sus intereses puedan ser dejados de lado. Raul Valdes-Fauli, exalcalde de Coral Gables, expresó su temor de que EE. UU. pudiera “mantener a los ladrones en el poder”, haciéndose eco de las preocupaciones sobre los cambios en la política exterior estadounidense en el pasado.
La crisis de combustible en la isla empezó a golpear con fuerza a finales de 2025. El bloqueo naval del presidente Donald Trump a los envíos de combustible llevó la infraestructura energética de Cuba a su punto de quiebre. Esta táctica de presión inició una nueva ronda de negociaciones entre Washington y La Habana tras décadas de diplomacia congelada.
Para muchos cubanoamericanos, el cambio representa una oportunidad para reclamar lo que perdieron. Raul Valdes-Fauli, abogado y exalcalde de Coral Gables, comprende personalmente esta pérdida. El Banco Pedroso de su familia en La Habana fue confiscado en noviembre de 1960.
Un agente de Fidel Castro, con una ametralladora en mano, ordenó a su padre y a su tío que se fueran, llamándolos "gusanos", un término despectivo para quienes huían de Cuba. Se llevaron todo. “Ni siquiera pudieron quitar las fotos familiares de las paredes de su oficina”, recordó Valdes-Fauli, describiendo una escena de despojo abrupto que resuena con miles de otras familias. Esta historia traumática resurge ahora con una urgencia específica.
Muchos dentro de la comunidad cubanoamericana creen que 2026 podría marcar un punto de inflexión para la isla de gobierno comunista. Ese optimismo cauteloso, sin embargo, se ve atenuado por una preocupación significativa: que puedan ser excluidos de cualquier acuerdo final. Su escenario de pesadilla implica una repetición de lo que ocurrió en Venezuela.
Allí, la administración Trump actuó para derrocar a Nicolás Maduro, solo para luego asociarse con algunos de sus antiguos aliados. Las demandas de democracia, argumentan muchos exiliados, pasaron a un segundo plano frente a los acuerdos de la industria petrolera. “Espero que no haga lo que hizo en Venezuela, que es mantener a los ladrones en el poder”, afirmó Valdes-Fauli, sus preocupaciones amplificadas por su matrimonio con una ciudadana venezolana. Este sentimiento subraya un temor central: que los intereses estratégicos de Washington puedan anular las quejas históricas de la comunidad exiliada.
Siga la influencia, no la retórica. Los motores económicos a menudo dictan el camino diplomático. En el centro de estas conversaciones emocionales y complejas reside la cuestión de cientos de miles de reclamaciones legales.
Estas reclamaciones se originan de cubanoamericanos cuyas casas, negocios y tierras fueron confiscados tras la llegada de Castro al poder en 1959. Resolverlas resultará desafiante. Durante décadas, buscar compensación fue un esfuerzo en gran medida inútil, una misión solitaria relegada a los márgenes legales, según Nick Gutiérrez.
Gutiérrez es presidente de la Asociación Nacional de Propietarios Cubanos en el Exilio. Durante mucho tiempo ha asesorado a familias sobre cómo buscar compensación por el colectivismo forzado. “Gran parte de ello simplemente cayó en saco roto”, dijo Gutiérrez, reflexionando sobre los esfuerzos pasados. Pero con la especulación sobre un posible cambio de régimen haciéndose más fuerte, el interés en el tema ha explotado.
Jóvenes empresarios cubanoamericanos, ansiosos por ayudar a reconstruir un país que apenas conocen, ahora ven potencial donde antes solo había litigios costosos. “Ahora estamos hablando de la cuestión existencial de si la dictadura cubana sobrevivirá hasta el próximo mes”, observó Gutiérrez. Sus padres huyeron de la isla dos años antes de su nacimiento, una narrativa común entre quienes ahora buscan reparación. La magnitud de la tarea es inmensa.
Desenredar las reclamaciones de propiedad en Cuba es como luchar contra una hidra de múltiples cabezas, según Robert Muse, un abogado de Washington especializado en leyes estadounidenses relacionadas con Cuba. En la jerarquía de pérdidas de propiedad bajo la ley estadounidense, 5.913 reclamaciones certificadas por el Departamento de Justicia en 1972 tienen la posición más sólida. Estas reclamaciones, originalmente valoradas en 1.900 millones de dólares, incluyen a grandes corporaciones como ExxonMobil y Marriott International.
Sus activos, que van desde refinerías de petróleo y el sistema telefónico hasta salones de belleza y puestos de limpiabotas, fueron nacionalizados durante el impulso de Castro. Estas reclamaciones certificadas valen hoy 10.000 millones de dólares, según The Independent, y su resolución es un requisito previo para una restauración completa de las relaciones económicas y diplomáticas entre EE. UU. Sin embargo, el poder ejecutivo en EE. UU. tiene la autoridad para asumir el control de las pérdidas privadas.
Esto permite un pago global, integrando las disputas individuales en un acuerdo más amplio con La Habana. En una notable desviación de posiciones pasadas, Cuba ha señalado su disposición a discutir estas reclamaciones. Esta disposición forma parte de una conversación más amplia, con La Habana también exigiendo compensación por los daños causados por el embargo comercial de EE. UU., promulgado en 1962.
Las cuentas no cuadran si solo se considera el balance de una de las partes. Una cuestión más intrincada implica el Título III de la Ley Helms-Burton de 1996. Esta ley permite a los exiliados demandar a cualquier empresa que se considere que está “traficando” con propiedades confiscadas por Cuba.
Históricamente, todos los presidentes estadounidenses anteriores suspendieron el Título III debido a objeciones de aliados de EE. UU. que hacían negocios en Cuba. Muchos exiliados mismos veían la legislación como una amenaza vacía, dada la remota perspectiva de cobrar alguna vez de un gobierno en bancarrota. El presidente Trump, sin embargo, levantó esta suspensión en 2019.
Desde entonces, se han presentado aproximadamente 50 demandas. El potencial de una avalancha de reclamaciones adicionales es inminente, supeditado a los resultados de dos casos específicos argumentados ante la Corte Suprema de EE. UU. este año.
Un caso, presentado por Exxon, busca 1.000 millones de dólares de entidades estatales cubanas. El otro involucra a Havana Docks, una empresa con sede en Delaware, que demanda a cuatro líneas de cruceros. Havana Docks alega que estas líneas de cruceros pagaron al gobierno de Cuba para desembarcar a casi 1 millón de turistas en un puerto que la empresa operó una vez, después de que el presidente Barack Obama restableciera las relaciones diplomáticas.
Muse describe los riesgos legales acumulativos de hacer negocios en Cuba como una “estalactita” que se ha formado durante varias décadas, obstaculizando tanto la inversión como el compromiso político. “No se puede tener un remedio de restitución para cientos de miles de reclamantes”, afirmó Muse. “Es inviable”.
Esto es lo que no le están diciendo: si bien la restitución individual para innumerables reclamaciones puede ser poco práctica, La Habana tiene un incentivo para encontrar soluciones alternativas. Si el objetivo declarado de Cuba de atraer capital extranjero es genuino, cerrar acuerdos con cubanoamericanos dispuestos a invertir en el país se convierte en un camino viable. Gutiérrez señala a los antiguos estados comunistas de Europa del Este como modelo.
Esas naciones compensaron las confiscaciones de propiedades después de la Guerra Fría, un proceso que ayudó a sus economías a avanzar. Trump, según Muse, puede poseer la combinación única de perspicacia empresarial, impaciencia con las convenciones establecidas y libertad política —como presidente en su segundo mandato— para navegar esta compleja situación. Una señal de su enfoque, añadió Muse, fue cuando Trump recibió a ejecutivos petroleros en la Casa Blanca tras el derrocamiento de Maduro.
Según se informa, les dijo que tendrían que dar por perdidas las reclamaciones impagas por la incautación de activos en Venezuela. Esto sugiere una voluntad de priorizar acuerdos más amplios sobre reclamaciones individuales cuando sea conveniente. Gutiérrez, a pesar de sus preocupaciones, encuentra cierta tranquilidad en la relación de larga data del Presidente con los cubanoamericanos, quienes representan una parte significativa de sus firmes partidarios.
Le preocupa que el afán de Trump por un “trofeo” –un avance diplomático que ha eludido a 12 presidentes demócratas y republicanos– pueda llevar a compromisos. Sin embargo, cree que Trump comprende la profunda conexión de la comunidad con el tema. “Trump no tiene reparos morales en hacer negocios con los malos”, dijo Gutiérrez. “Pero sabe lo importante que es esto para nosotros, y eso nos da cierta tranquilidad de que no nos venderá”. El tablero de ajedrez geopolítico es complejo, y las piezas se mueven con intención estratégica, no siempre por sentimiento. Por qué es importante: El resultado de estas negociaciones entre EE. UU. y Cuba conlleva implicaciones significativas más allá de las reclamaciones de propiedad.
Para los cubanoamericanos, representa una oportunidad potencial para la justicia histórica y la oportunidad económica, pero también un riesgo de traición si un acuerdo prioriza los intereses corporativos o estratégicos sobre la restitución individual. Para Cuba, podría significar una afluencia de capital muy necesario y un camino hacia la reintegración en la economía global, o una profundización de su aislamiento si las conversaciones fracasan. La región observa de cerca, ya que cualquier cambio en las relaciones entre EE. UU. y Cuba podría alterar la dinámica de poder y los flujos comerciales en todo el Caribe, afectando la estabilidad y la inversión en los años venideros.
Puntos clave: - Exiliados cubanoamericanos buscan compensación por propiedades confiscadas después de 1959, pero temen ser excluidos de un acuerdo. - El panorama legal para las reclamaciones es complejo, involucrando reclamaciones corporativas certificadas y demandas bajo la Ley Helms-Burton. - Cuba ha expresado su disposición a discutir las reclamaciones, vinculándolas a sus propias demandas de compensación por el embargo de EE. UU. De cara al futuro, las decisiones de la Corte Suprema de EE. UU. sobre los casos de Exxon y Havana Docks darán forma significativa al marco legal para futuras reclamaciones.
Estos fallos podrían abrir las compuertas a más demandas o reforzar los desafíos de la restitución individual. Además, las negociaciones en curso pondrán a prueba la determinación de la administración Trump para equilibrar los intereses corporativos con las demandas de su base política cubanoamericana. Los observadores estarán atentos a cualquier señal de La Habana con respecto a su disposición a ofrecer mecanismos de compensación concretos, especialmente a medida que las presiones económicas de la isla continúan aumentando.
Puntos clave
— - Las tácticas de presión de EE. UU. han forzado nuevas negociaciones entre Washington y La Habana después de décadas.
— - Exiliados cubanoamericanos buscan compensación por propiedades confiscadas después de 1959, pero temen ser excluidos de un acuerdo.
— - El panorama legal para las reclamaciones es complejo, involucrando reclamaciones corporativas certificadas y demandas bajo la Ley Helms-Burton.
— - Cuba ha expresado su disposición a discutir las reclamaciones, vinculándolas a sus propias demandas de compensación por el embargo de EE. UU.
Fuente: The Independent









