El presidente Donald Trump inició el programa de deportación más grande en la historia de EE. UU. el 27 de octubre de 2024, desplegando tropas y agentes armados de ICE para arrestos agresivos, principalmente en estados que favorecen políticas demócratas. Esta postura agresiva ha reconfigurado desde entonces el sistema de tribunales de inmigración del país, donde las tasas de aprobación de asilo se han desplomado a un mínimo histórico del 5% en febrero, según datos del Transactional Records Access Clearinghouse. Los críticos argumentan que el poder ejecutivo ejerce ahora una influencia sin precedentes sobre los resultados judiciales.
La agenda de inmigración de la Casa Blanca, declarada públicamente por el presidente Trump durante su campaña de 2024, se tradujo rápidamente en política. Su administración comenzó a enviar personal militar y agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para llevar a cabo arrestos y detenciones masivas en todo el país. Este esfuerzo, un cumplimiento directo de una promesa de campaña, se dirigió a personas indocumentadas con una velocidad y escala nunca antes vistas.
Los desafíos logísticos fueron inmensos. Kristi Noem, nombrada Secretaria de Seguridad Nacional, inicialmente encabezó estos esfuerzos. Su perfil público, a menudo alineado con la postura agresiva del presidente, parecía coincidir con los objetivos declarados de la administración para la deportación.
Sin embargo, su campaña promocional independiente, con un costo de 220 millones de dólares, supuestamente tensó su relación con la Casa Blanca. Esto llevó a su destitución. Su partida, aunque señalaba un posible cambio en la dinámica interna, no alteró la misión central de la administración.
El impulso para aumentar las deportaciones continuó sin cesar. El verdadero campo de batalla, sin embargo, se trasladó a los tribunales de inmigración del país. Estos tribunales operan bajo el Departamento de Justicia, un componente del poder ejecutivo, no del poder judicial independiente.
Esta disposición estructural otorga al poder ejecutivo un control operativo significativo. En los últimos 14 meses, la administración Trump ha destituido o forzado la salida de más de 200 jueces de inmigración. Esto representa una porción sustancial de los aproximadamente 600 jueces que anteriormente servían en más de 60 tribunales en todo el país.
Estas destituciones a menudo ocurrieron sin causa declarada. El exjuez de inmigración Ryan Wood, quien se jubiló hace poco más de un año como juez jefe adjunto de inmigración en el Medio Oeste, describió el sentimiento predominante entre sus antiguos colegas. "Sin duda, quieren números, quieren deportaciones", dijo Wood a CBS News. "Quieren mantener a tantas personas detenidas como sea posible y estresar el sistema." Wood, nombrado durante el primer mandato de Trump, tenía un historial de denegar más solicitudes de asilo de las que concedía. Sin embargo, incluso él encontró preocupante el nuevo régimen.
Los jueces estaban siendo literalmente "sacados del estrado" en medio de una decisión. "No, nunca. Nunca habíamos visto algo así", afirmó, refiriéndose a tales destituciones abruptas. Anam Petit, jueza de inmigración en Annandale, Virginia, fue destituida el pasado septiembre.
Su destitución fue un golpe devastador. Petit había dejado una lucrativa carrera como socia legal, haciendo importantes sacrificios personales y profesionales, para perseguir lo que consideraba un trabajo soñado. Creía que podía servir como una jueza justa y eficaz.
Petit no recibió comentarios negativos durante sus dos años en el estrado. Todas sus evaluaciones de período de prueba fueron positivas. Nunca se proporcionó una razón para su destitución.
Petit especuló que su experiencia —representar a inmigrantes, enseñar temas de inmigración basados en género en Georgetown Law, y su identidad como mujer de color— podría haber influido. Esto es lo que no le están diciendo: tales despidos erosionan la imparcialidad percibida de los tribunales. Jeremiah Johnson, juez de inmigración en San Francisco durante ocho años, experimentó una destitución igualmente abrupta el pasado noviembre.
Sus últimas palabras en el estrado fueron para una familia de cuatro: "Se les ha concedido asilo en los Estados Unidos. Bienvenidos a los Estados Unidos." Momentos después, descubrió una notificación por correo electrónico de su despido. En 30 segundos, su acceso a la computadora fue revocado.
Luego fue escoltado fuera del edificio. Tampoco se dio ninguna razón para su destitución. Estas acciones envían un mensaje claro a quienes permanecen en el estrado.
El Departamento de Seguridad Nacional publicó más tarde un anuncio de reclutamiento en línea el pasado diciembre que ofrecía una clara ilustración de la nueva dirección de la administración. Presentaba al personaje ficticio Juez Dredd, una figura conocida por impartir justicia inmediata y severa, y declaraba: "Haga justicia a los extranjeros ilegales criminales. Conviértase en juez de deportación.
Salve su país." Una página separada en el sitio web del Departamento de Justicia, titulada "Usted sea el juez", prometía salarios que superaban los 200.000 dólares anuales para "jueces de deportación", junto con una bonificación del 25% por ocupar puestos en "ciudades santuario". Johnson encontró el anuncio ofensivo. "No somos 'jueces de deportación'; somos jueces de inmigración", aclaró, destacando una distinción fundamental. Para cubrir las vacantes creadas por estos despidos, la administración ha reclutado a más de 70 nuevos "jueces de deportación". La mayoría de estos nuevos nombramientos poseen experiencia en aplicación de la ley en lugar de una amplia experiencia en derecho de inmigración. Además, el Secretario de Defensa Pete Hegseth autorizó a abogados militares, conocidos como Jueces Abogados Generales (JAGs), a servir como jueces de inmigración temporales por rotaciones de seis meses.
Esta estrategia intenta eludir el proceso judicial tradicional. Las cuentas no cuadran al considerar la complejidad de la ley de inmigración. Wood, quien fue abogado militar, expresó un profundo respeto por los JAGs pero cuestionó su idoneidad para estos roles temporales. "La ley de inmigración es extremadamente compleja.
Solo es superada en complejidad por el código tributario", explicó a CBS News. "Se necesita uno o dos años para ponerse al día y comprender la ley y cómo tomar decisiones buenas y justas." Períodos de capacitación truncados para asignaciones de seis meses, junto con mensajes explícitos o implícitos para "leer la sala" (entender el contexto) y tomar decisiones "apropiadas", plantean serias preguntas sobre el debido proceso. Siga la influencia, no la retórica; el poder ejecutivo está ejerciendo su voluntad directamente sobre los resultados legales. El presidente Trump articuló su razonamiento a bordo del Air Force One en mayo del año pasado. "Necesitamos jueces que no exijan juicios para cada inmigrante ilegal", afirmó. "Tenemos millones de personas que han entrado aquí ilegalmente, y no podemos tener un juicio para cada persona.
Eso serían millones de juicios." Esta perspectiva prioriza la velocidad y el volumen sobre los procedimientos legales individualizados. Las acciones de la administración reflejan este imperativo operativo. Petit argumentó que la conveniencia administrativa no puede anular los marcos legales establecidos. "El problema es que también tenemos un estatuto.
El Congreso ha establecido leyes y ha definido qué son los procedimientos de expulsión. Ha establecido qué es el derecho de asilo", explicó. "Y una administración no puede eludir ese estado de derecho por vía procesal." La base misma de las protecciones legales está en juego. Este es un punto crucial para comprender los desafíos actuales.
Jeremiah Johnson, ahora vicepresidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Jueces de Inmigración, informó de un desorden generalizado. "Están viendo caos en las calles; creo que están viendo caos en los tribunales", dijo. Describió casos de policías o agentes de ICE arrestando a personas que llegaban al tribunal. Según los informes, se veían táseres fuera de las salas de los tribunales.
Estas tácticas crean un efecto disuasorio. Se impide a las personas tener su día en la corte. Si son arrestados antes de llegar a la sala del tribunal, los individuos deben defender sus casos en centros de detención, a menudo lejos de la familia, los recursos legales y el asesoramiento.
Aproximadamente 60.000 personas están actualmente detenidas en centros de detención de EE. UU. Más del 70% de ellas no tienen antecedentes penales. Esta situación complica la representación legal y las audiencias justas.
The Associated Press contabilizó 30.000 inmigrantes que han presentado peticiones de hábeas corpus, alegando detención ilegal debido a la denegación de audiencias de fianza. Wood enfatizó que estos son problemas fundamentales de debido proceso. "Ciudadanos estadounidenses son puestos bajo custodia. Son trasladados por todo el país y retenidos sin fianza.
Eso es extremadamente preocupante", dijo a CBS News. Señaló que el número exacto de ciudadanos estadounidenses detenidos bajo estas circunstancias sigue sin estar claro. Existen fuertes incentivos para que las personas se autodeporten, se rindan y firmen documentos sin asesoramiento legal o incluso revisión judicial. "Creo que aprenderemos, dentro de años, sobre algunos ejemplos realmente atroces de dónde no hicimos lo que se suponía que debíamos hacer", predijo Wood.
Las consecuencias a largo plazo de estas acciones aún no se comprenden completamente. La disminución en las aprobaciones de asilo ilustra el marcado cambio. Hace un año, el 31% de los solicitantes de asilo tuvieron éxito en sus solicitudes.
Para febrero de este año, esa cifra había caído a un mínimo histórico del 5%, según datos de TRAC. La vía legal para los solicitantes de asilo hacia los Estados Unidos se está cerrando rápidamente. Esta transformación ha ocurrido sin cambios legislativos.
Wood expresó su preocupación de que las acciones de la administración se basen únicamente en órdenes ejecutivas y poder ejecutivo, en lugar de la acción del Congreso. "Así no es como se supone que debe funcionar una democracia", afirmó. La estrategia elude los controles y equilibrios legislativos. El enfoque en la autoridad ejecutiva plantea preguntas fundamentales sobre la separación de poderes y la durabilidad de las protecciones legales.
Estos cambios podrían redefinir el papel del poder judicial en asuntos de inmigración durante décadas. - La administración Trump ha destituido a más de 200 jueces de inmigración en 14 meses, alterando significativamente la demografía judicial. - Las tasas de aprobación de asilo se han desplomado del 31% al 5% en el último año, reflejando el cambio en los nombramientos judiciales y la política. - Los nuevos esfuerzos de reclutamiento se dirigen a individuos con experiencia en aplicación de la ley, ofreciendo bonificaciones por trabajar en "ciudades santuario". - Los críticos, incluidos exjueces, citan preocupaciones sobre el debido proceso, el estado de derecho y la independencia del sistema de tribunales de inmigración. Esta agresiva reforma del sistema de tribunales de inmigración tiene implicaciones sustanciales para el estado de derecho y el futuro del asilo en los Estados Unidos. Los observadores estarán atentos a los crecientes desafíos legales a estas políticas, particularmente aquellos relacionados con el debido proceso y la detención de ciudadanos estadounidenses.
Las respuestas del Congreso, o la falta de ellas, a los poderes expandidos del poder ejecutivo también serán un área crítica de atención. El impacto a largo plazo en la credibilidad del sistema legal de EE. UU. y su posición internacional en materia de derechos humanos sigue siendo una preocupación central, exigiendo un escrutinio continuo a medida que estas políticas se desarrollan.
Puntos Clave
— - La administración Trump ha destituido a más de 200 jueces de inmigración en 14 meses, alterando significativamente la demografía judicial.
— - Las tasas de aprobación de asilo se han desplomado del 31% al 5% en el último año, reflejando el cambio en los nombramientos judiciales y la política.
— - Los nuevos esfuerzos de reclutamiento se dirigen a individuos con experiencia en aplicación de la ley, ofreciendo bonificaciones por trabajar en "ciudades santuario".
— - Los críticos, incluidos exjueces, citan preocupaciones sobre el debido proceso, el estado de derecho y la independencia del sistema de tribunales de inmigración.
Fuente: CBS News
