Las organizaciones comunitarias en todo el norte de Mozambique, particularmente en la provincia de Cabo Delgado, asolada por conflictos, enfrentan graves desafíos operativos a medida que disminuye la financiación de la ayuda internacional. La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) habría recortado sus contribuciones de 820 millones de dólares en 2024 a 240 millones de dólares el año pasado, según The Independent, lo que pone en riesgo los servicios esenciales. Abdul Tavares, defensor de la democracia, describió la situación sin rodeos: "Siento que nos están cortando los pies".
Marques Joao navega diariamente por un paisaje cambiante de residuos plásticos en el norte de Mozambique. Trabaja para ASMOG, una organización comunitaria dedicada a la limpieza ambiental en la provincia de Cabo Delgado. Su misión es clara: recolectar desechos plásticos y venderlos a empresas de reciclaje.
Este esfuerzo aborda un problema ambiental crítico en una región que lucha con la infraestructura. Eugidio Gobo, quien dirige ASMOG en el municipio de Pemba, afirmó que el gobierno local no recicla ni vende plásticos. Pemba genera un estimado de 130 toneladas métricas de plástico cada mes.
ASMOG recolecta diez toneladas métricas, principalmente de las playas. Esta solución local aborda directamente un problema global. Su trabajo, como el de muchos otros grupos comunitarios, ofrece una respuesta tangible a las necesidades inmediatas.
Pero el mundo en el que habitan estos grupos se está volviendo cada vez más precario. Cabo Delgado, ubicada a unos 2.414 kilómetros al norte de la capital, Maputo, se encuentra entre las regiones más pobres de Mozambique. La provincia soporta ciclones anuales, intensificados por un clima cambiante.
Además, una insurgencia vinculada a ISIS ha destrozado la zona desde 2017, desplazando a 700.000 personas de sus hogares. Estas crisis combinadas crean una inmensa necesidad humana, sin embargo, la asistencia internacional se está contrayendo. Abdul Tavares, quien trabaja para CDD, una organización centrada en la democracia y los derechos, siente la presión directamente.
Su grupo, que alguna vez fue activo en la financiación de cooperativas empresariales, la prestación de asistencia legal y la defensa de cambios en las políticas públicas, ha visto cómo sus recursos se agotan. "Sin recursos, ninguna de estas actividades es posible", explicó Tavares. CDD se mudó recientemente a una oficina más pequeña en Pemba, una clara señal de su capacidad reducida. Lo que esto significa para su familia es menos protecciones, menos apoyo para las empresas locales y una voz más débil en las decisiones gubernamentales.
Mozambique se erige como uno de los países más afectados por las reducciones de la ayuda global. Solo la financiación de Estados Unidos, según informó The Independent, cayó drásticamente de 820 millones de dólares en 2024 a 240 millones de dólares el año pasado. Esta drástica reducción se produjo después de que la administración Trump restringiera efectivamente las operaciones de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Tales cambios de política en Washington repercuten a través de los océanos, impactando vidas en comunidades distantes. Bashiruna Bakar, residente del pueblo de 25 de Junho en Cabo Delgado, recuerda un tiempo diferente. "USAID estaba brindando mucho apoyo a 25 de Junho", recordó Bakar, refiriéndose a la asistencia centrada en la atención médica, la agricultura y la seguridad alimentaria. Ese apoyo ahora ha desaparecido. "Los agricultores están llorando...
No hay comida", añadió, pintando un panorama sombrío del costo humano inmediato. La política dice una cosa sobre el compromiso global. La realidad sobre el terreno dice otra, marcada por el hambre y la desesperación.
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A pesar de los contratiempos, Bakar encuentra momentos de esperanza. Caminando hacia el borde de su pueblo, señala una sólida casa gris, construida con bloques de hormigón. "Esto es una señal de desarrollo", afirmó. La casa pertenece a una de las 9.000 personas desplazadas internas (PDI) que han encontrado un nuevo hogar en 25 de Junho.
Esta estructura representa tanto la inclusión como una frágil prosperidad en una región marcada por el conflicto. Tres meses después de la llegada de las familias desplazadas, los agricultores locales tomaron una decisión colectiva: proporcionaron tierras para los recién llegados. Esta elección se realizó a través de la Organización de Desarrollo de la Aldea 25 de Junho (VDO). "Discutimos no identificar a las personas por motivos religiosos o políticos.
Solo por nuestra humanidad común", dijo Bakar, destacando una poderosa respuesta local a una crisis humanitaria. Estas VDOs encarnan un enfoque ascendente para la resiliencia comunitaria. Dentro de un antiguo edificio escolar, Bakar guarda lo que él llama el "mapa de sueños" del pueblo. Este mapa ilustra bienes públicos existentes, como una mezquita, y proyectos aspiracionales, como un puente muy necesario.
La VDO identifica estos requisitos comunitarios. Luego, a través de una serie de cartas formales, presionan a los funcionarios del gobierno local para que dirijan fondos hacia estas necesidades identificadas. Es un proceso lento.
Pero funciona. La Fundación Aga Khan ha apoyado el establecimiento de más de 100 VDOs de este tipo en todo el norte de Mozambique desde el año 2000. Estas organizaciones se extienden por las provincias de Cabo Delgado, Nampula y Niassa.
Cada VDO generalmente comienza con una subvención modesta, de alrededor de 38.000 meticales, equivalentes a unas 430 libras esterlinas. La intención es que estos organismos se vuelvan autosuficientes. Si bien algunos luchan con la capacidad o el compromiso, muchos prosperan, convirtiéndose en conductos vitales para el progreso local.
Otra organización comunitaria mozambiqueña, MASC, adopta una estrategia similar. MASC apoya a 30 VDOs, reconociendo su eficacia única. "Hay una magia en estos grupos", observó Návia Glória, representante de MASC en Cabo Delgado. "Difieren en edad, cultura y área geográfica, pero funcionan". Manuel Teodoro, un funcionario de distrito, se hizo eco de este sentimiento, llamando a las VDOs "la mano derecha del gobierno local". Estas estructuras locales cierran la brecha entre los residentes y la gobernanza formal. Lisa Kurbiel, directora del Fondo Conjunto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, subrayó el valor de estos esfuerzos de base. "A menudo son [estas organizaciones] quienes están más cerca de las comunidades, quienes entienden los matices de la pobreza, la exclusión y la oportunidad, y quienes permanecen cuando los proyectos terminan y los titulares se desvanecen", explicó Kurbiel.
Ofrecen continuidad donde los proyectos de ayuda más grandes y transitorios a menudo no pueden. Esta presencia continua es invaluable. Por qué es importante: La drástica reducción de la ayuda internacional, especialmente de los principales donantes como Estados Unidos, impacta directamente a las familias más vulnerables en el norte de Mozambique.
Para un agricultor en 25 de Junho, esto significa menos acceso a atención médica vital, menos recursos agrícolas y una mayor inseguridad alimentaria. Para una familia desplazada por el conflicto, significa menos protecciones legales y menos asistencia para reconstruir sus vidas. Lo que esto significa para su familia es que las redes de seguridad se están deshilachando, dejando a las comunidades a depender casi por completo de sus propios recursos, cada vez más escasos.
La capacidad de los grupos locales para llenar estas brechas determina la supervivencia de muchos. - Los recortes de ayuda de donantes internacionales, incluido EE. UU., restringen severamente las operaciones de organizaciones comunitarias vitales en el norte de Mozambique. - Grupos como ASMOG y CDD, que trabajan en la limpieza ambiental y los derechos humanos, informan de reducciones significativas en su capacidad para servir a las poblaciones locales. - A pesar de la disminución de recursos, iniciativas locales como las Organizaciones de Desarrollo de Aldeas (VDOs) continúan fomentando la resiliencia, integrando a las personas desplazadas y presionando por las necesidades locales. - Los recortes tienen consecuencias inmediatas para la seguridad alimentaria, el acceso a la atención médica y el desarrollo económico en provincias como Cabo Delgado, donde los impactos del conflicto y el clima ya son severos. El futuro de estos esfuerzos liderados por la comunidad depende de un apoyo internacional renovado o de su capacidad para encontrar mecanismos de financiación alternativos y sostenibles. Los donantes deberán reevaluar sus prioridades, considerando las implicaciones a largo plazo de retirar la ayuda de las regiones afectadas por conflictos.
Los observadores seguirán de cerca si la resiliencia demostrada por las VDOs puede soportar la presión financiera sostenida. El compromiso del gobierno mozambiqueño con estas estructuras locales, así como la voluntad de la comunidad internacional de volver a intervenir, determinarán las perspectivas inmediatas para miles de familias en Cabo Delgado y más allá.
Puntos Clave
— - Los recortes de ayuda de donantes internacionales, incluido EE. UU., restringen severamente las operaciones de organizaciones comunitarias vitales en el norte de Mozambique.
— - Grupos como ASMOG y CDD, que trabajan en la limpieza ambiental y los derechos humanos, informan de reducciones significativas en su capacidad para servir a las poblaciones locales.
— - A pesar de la disminución de recursos, iniciativas locales como las Organizaciones de Desarrollo de Aldeas (VDOs) continúan fomentando la resiliencia, integrando a las personas desplazadas y presionando por las necesidades locales.
— - Los recortes tienen consecuencias inmediatas para la seguridad alimentaria, el acceso a la atención médica y el desarrollo económico en provincias como Cabo Delgado, donde los impactos del conflicto y el clima ya son severos.
Fuente: The Independent









