La periodista libanesa Amal Khalil falleció el miércoles en la aldea de al-Tayri, en el sur del Líbano, durante lo que funcionarios libaneses describieron como un ataque aéreo israelí de “doble impacto” que también hirió a su colega Zeinab Faraj. El primer ministro Nawaf Salam condenó el incidente, acusando a Israel de cometer crímenes contra la humanidad. El Comité para la Protección de los Periodistas calificó el asesinato como una exigencia de acción internacional para defender el derecho internacional.
El ataque se desarrolló rápidamente el miércoles por la tarde, dejando a Khalil atrapada bajo los escombros durante más de siete horas mientras los esfuerzos de rescate sufrían retrasos. Ella y Faraj estaban cubriendo un ataque israelí anterior que había impactado un vehículo, matando a dos personas cerca de su coche. Las periodistas buscaron refugio en una casa cercana, una práctica común para los reporteros en zonas de conflicto que buscan resguardo del peligro inmediato.
Su decisión de moverse fue un reflejo, un intento de encontrar seguridad en un momento de intenso peligro. Aproximadamente a las 4:10 PM hora local (13:10 GMT), Khalil contactó a su familia y al ejército libanés, según sus colegas e informes de medios locales. Estaba dentro de la casa, intentando coordinar su ubicación después de la explosión inicial.
Los trabajadores de rescate del Ministerio de Salud Pública del Líbano intentaron entonces llegar a la casa. Sus esfuerzos fueron recibidos con fuego israelí directo, obligándolos a retirarse del lugar. Esta obstrucción prolongó la agonizante espera de Khalil y Faraj.
Un segundo ataque impactó directamente la casa donde las dos mujeres se habían refugiado. Este ataque posterior, descrito como de “doble impacto” por funcionarios libaneses, selló el destino de Khalil. Los rescatistas lograron sacar a Faraj, quien sufrió heridas graves, de entre los escombros.
También recuperaron los cuerpos de las dos personas muertas en el ataque inicial cerca del vehículo. El cuerpo de Khalil fue finalmente recuperado poco antes de la medianoche, más de siete horas después del segundo ataque. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, habló con contundencia tras el incidente, afirmando que el ataque contra periodistas constituía “crímenes contra la humanidad”. Sus comentarios reflejan una profunda ira en Beirut por el conflicto en curso.
El presidente Joseph Aoun ofreció sus condolencias a la familia de Khalil y deseó a Zeinab Faraj una pronta recuperación. El presidente Aoun escribió en X que las acciones de Israel equivalían al “ataque deliberado y constante contra periodistas” en un esfuerzo por “ocultar la verdad de sus actos agresivos contra el Líbano”. Estas son acusaciones serias, no fáciles de desestimar. El ministro de Información, Paul Morcos, describió el ataque como una “violación flagrante del derecho internacional humanitario”. Pidió un escrutinio internacional inmediato.
El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) se hizo eco de estos sentimientos, y la directora regional Sara Qudah afirmó que el asesinato de Khalil “debe ser una llamada de atención para que la comunidad internacional haga cumplir el derecho internacional”. Qudah afirmó además que la “obstrucción por parte del ejército israelí a los equipos médicos para rescatar a civiles heridos es un crimen brutal y recurrente que ya hemos presenciado en Gaza y ahora de nuevo en el Líbano”. Subrayó que Khalil, una periodista civil desarmada, permaneció atrapada durante horas mientras la Cruz Roja estaba bloqueada. Lo que esto significa realmente para su familia es que las mismas personas que les traen información, que les muestran lo que está sucediendo sobre el terreno, están siendo silenciadas. El ejército de Israel negó las acusaciones, afirmando que no ataca a periodistas y que no impidió que los equipos de rescate accedieran al lugar.
Esta negación contrasta fuertemente con los relatos de funcionarios libaneses y organizaciones humanitarias. La política dice una cosa. La realidad dice otra.
Afirmaciones y negaciones similares se han convertido en un patrón en la región, lo que dificulta la verificación independiente y escasea la confianza. Khalil, nacida en 1984 en Baysariyyeh, en el sur del Líbano, había dedicado su carrera a informar sobre su región natal para Al Akhbar desde la guerra de 2006. Su trabajo más reciente se centró en las demoliciones israelíes de viviendas en aldeas donde las tropas israelíes mantenían posiciones dentro del Líbano.
Era un rostro familiar, una voz para el pueblo. En una entrevista a principios de este año con The Public Source, Khalil articuló su misión: “Desmiento la narrativa del enemigo de atacar solo sitios militares mostrando pruebas de que bombardean hogares, granjas y matan niños”. Añadió: “A través de mi trabajo, he tratado de ser solidaria con estas personas, la gente de la tierra”. Su compromiso con la humanización del conflicto era claro. La reportera de Al Jazeera Heidi Pett, informando desde Tiro, en el sur del Líbano, describió a Khalil como “una periodista muy conocida y respetada aquí en el Líbano”. Pett también reveló un detalle vívido: Khalil había recibido amenazas directas durante la última guerra.
Un número de teléfono israelí en WhatsApp le advirtió que dejara de informar. El mensaje era contundente, diciéndole “que debía abandonar el Líbano si quería que su cabeza permaneciera sobre sus hombros”. Esta amenaza subraya los riesgos extremos que enfrentan los periodistas en estas zonas. Este incidente no es un hecho aislado.
Khalil es la novena periodista asesinada en el Líbano este año. Hace menos de un mes, otros tres periodistas murieron en otro ataque de “doble impacto” reportado en el sur del Líbano. Su vehículo fue impactado, y luego golpeado de nuevo cuando los trabajadores de rescate llegaron y también fueron atacados.
Tras ese incidente anterior, el ejército israelí publicó una imagen alegando que uno de los periodistas era miembro de las fuerzas de élite de Hezbollah, pero luego reconoció que la foto había sido alterada. Estos incidentes repetidos plantean profundas preocupaciones sobre la libertad de prensa y la seguridad de los reporteros. La renovada escalada de hostilidades entre Israel y el grupo libanés Hezbollah comenzó a principios de marzo.
Estos enfrentamientos son parte de tensiones regionales más amplias, que muchos observadores vinculan con el conflicto en curso entre Estados Unidos, Israel e Irán. La frontera libanesa se ha convertido en un punto crítico. Los civiles a menudo son los que más sufren estas confrontaciones.
Para las familias que viven en el sur del Líbano, la amenaza constante de ataques aéreos y la destrucción de hogares significa una vida vivida en perpetua incertidumbre. Es una lucha diaria por la normalidad. Tal ataque, particularmente contra trabajadores de rescate y periodistas, desafía directamente el derecho internacional humanitario establecido, que exige la protección de los no combatientes y el personal médico en zonas de conflicto.
Los Convenios de Ginebra son claros en estos puntos. Impedir el acceso a los trabajadores humanitarios, como alegan el Ministerio de Salud Pública y el CPJ, constituye una infracción grave. El ataque deliberado contra periodistas, si se demuestra, también violaría los principios de la libertad de prensa y el derecho a informar.
Estos principios son fundamentales para una sociedad civil que funcione. Sin ellos, la verdad se convierte en una víctima. Por qué es importante: Este asesinato tiene implicaciones inmediatas y dolorosas para las familias en el sur del Líbano y para la comunidad internacional en general.
Significa que las voces que informan desde zonas de conflicto, aquellos que arriesgan sus vidas para mostrarnos la realidad sobre el terreno, son cada vez más vulnerables. Cuando los periodistas son silenciados, el flujo de información independiente se detiene. Esto dificulta que el mundo comprenda el costo humano del conflicto y que la gente común entienda lo que sucede en sus propios barrios.
Refuerza un clima de miedo, erosionando aún más la confianza y dificultando la rendición de cuentas. La capacidad de una comunidad para comprender sus propias circunstancias disminuye. Puntos clave: - Amal Khalil, una periodista libanesa veterana, murió en un ataque aéreo israelí en el sur del Líbano el miércoles. - Funcionarios libaneses describieron el ataque como un golpe de “doble impacto”, con los esfuerzos de rescate supuestamente impedidos por el fuego israelí. - Israel niega haber atacado a periodistas y haber impedido las operaciones de rescate, a pesar de las acusaciones de las autoridades libanesas.
En adelante, es probable que la presión internacional se intensifique sobre ambas partes para que cumplan con el derecho internacional y protejan a los no combatientes, incluidos los periodistas. Las organizaciones de derechos humanos seguirán pidiendo investigaciones independientes sobre estos incidentes. Los lectores deben estar atentos a cualquier respuesta oficial de organismos internacionales como las Naciones Unidas o la Corte Penal Internacional con respecto a las presuntas violaciones.
Las hostilidades en curso en el sur del Líbano seguirán siendo un foco crítico, con la seguridad de civiles y reporteros a la vanguardia de las preocupaciones. Cualquier escalada adicional podría tener consecuencias regionales de gran alcance.
Puntos clave
— - Amal Khalil, una periodista libanesa veterana, falleció el miércoles en un ataque aéreo israelí en el sur del Líbano.
— - Funcionarios libaneses describieron el ataque como de “doble impacto”, con los esfuerzos de rescate supuestamente impedidos por el fuego israelí.
— - Khalil es la novena periodista asesinada en el Líbano este año, lo que ha provocado fuertes condenas de líderes libaneses y grupos de libertad de prensa.
— - Israel niega haber atacado a periodistas y haber impedido las operaciones de rescate, a pesar de las acusaciones de las autoridades libanesas.
Fuente: Al Jazeera









