Nuevos análisis de mandíbulas fosilizadas de Japón y Canadá sugieren que pulpos colosales, parecidos a krakens, merodeaban por los mares antiguos hace 100 millones de años, desafiando suposiciones arraigadas sobre los depredadores ápice. Estos cefalópodos antiguos, con una longitud estimada de más de 18 metros, ahora se sitúan junto a mosasaurios de dientes afilados y plesiosaurios en la red alimentaria marina del Cretácico, según una investigación publicada el jueves en la revista Science. Los hallazgos redefinen la escala de los cazadores invertebrados en los océanos prehistóricos de la Tierra.
La investigación, una colaboración entre la Universidad de Hokkaido e instituciones en Canadá, fue más allá de los registros fósiles visibles, empleando una técnica innovadora llamada minería digital de fósiles. Este método permitió a los científicos escanear secciones transversales de rocas, revelando elementos fosilizados ocultos que antes eran indetectables. A través de este proceso, los paleontólogos identificaron 12 mandíbulas de pulpo antiguas adicionales de Japón, aumentando una colección inicial de 15 especímenes descubiertos previamente en Japón y la Isla de Vancouver en Canadá.
Este conjunto de datos ampliado proporcionó una masa crítica para un análisis comparativo detallado. Estos especímenes recién revelados, combinados con los hallazgos existentes, ofrecieron una imagen más clara de las criaturas antiguas. Su longitud estimada oscilaba entre los 7 y los 19 metros.
El Dr. Yasuhiro Iba, paleontólogo de la Universidad de Hokkaido y coautor del estudio, señaló que la mandíbula más grande superaba significativamente el tamaño de cualquier pulpo moderno, posicionando a estos cefalópodos antiguos como algunos de los invertebrados más grandes jamás registrados. Iba declaró a Reuters, subrayando la magnitud de este nuevo descubrimiento.
La evidencia física incrustada en estas mandíbulas antiguas pintó un retrato vívido de sus hábitos alimenticios. Los investigadores observaron un desgaste significativo en los especímenes más grandes, incluyendo arañazos, astillas y bordes notablemente redondeados. Iba explicó que estas marcas indican que los animales aplastaban repetidamente presas duras como conchas y huesos.
Tales patrones de alimentación robustos sugieren una dieta no limitada a organismos de cuerpo blando, sino que incluía criaturas sustanciales y acorazadas, lo que los ponía en competencia directa con otros grandes carnívoros marinos de la época. Históricamente, las aguas de finales del Cretácico, hace aproximadamente 100 millones de años, se entendía que estaban dominadas por un elenco diferente de depredadores formidables. Tiburones de dientes afilados patrullaban las profundidades.
Grandes reptiles marinos, como los poderosos mosasaurios y los plesiosaurios de cuello largo, eran ampliamente considerados los cazadores ápice. Estas criaturas poseían espinas dorsales y esqueletos óseos, que se conservaron bien en el registro fósil, cimentando su estatus en el conocimiento científico. Los invertebrados de cuerpo blando, al carecer de estructuras tan duraderas, a menudo recibían menos atención en la narrativa del dominio marino antiguo.
Esta percepción histórica se deriva de los desafíos inherentes a la fosilización de tejidos blandos. Aunque los científicos habían investigado parientes de pulpos gigantes de la era de los dinosaurios y estudiado pulpos más pequeños que perforaban almejas, medir con precisión el tamaño completo y el papel ecológico de los cefalópodos más grandes y de cuerpo blando resultó difícil. La suposición común era que los invertebrados blandos, por su propia naturaleza, no eran lo suficientemente formidables como para competir con criaturas como los mosasaurios.
Este estudio desafía directamente esa creencia arraigada. Los picos de quitina de los pulpos, un material rígido y resistente, proporcionaban la fuerza de aplastamiento necesaria para un estilo de vida depredador. Adiel Klompmaker, paleontólogo de la Universidad de Alabama, que no participó en la nueva investigación, comentó sobre la imponente presencia que estas criaturas debieron haber tenido. "Estos krakens debieron haber sido una vista temible de contemplar", afirmó en un correo electrónico, reconociendo el impactante efecto visual de cazadores tan grandes y de ocho brazos.
Esta perspectiva resalta el cambio visual y conceptual que introducen los nuevos hallazgos, moviendo a los pulpos antiguos de la periferia al centro del escenario marino prehistórico. La metodología, la minería digital de fósiles, representa un avance significativo en las técnicas paleontológicas. Permite a los investigadores explorar formaciones rocosas de manera no destructiva, observando el interior sin dañar contenidos potencialmente frágiles.
Esta técnica es similar a usar imágenes avanzadas para seguir la cadena de suministro de la vida antigua, rastreando las huellas más débiles dejadas atrás. Los números en el manifiesto de envío del descubrimiento científico, en este caso, son los escaneos digitales que revelan fragmentos de mandíbulas ocultos, cada uno contando una historia previamente no contada. Aunque el desgaste de la mandíbula sugiere una dieta de presas con caparazón duro y óseas, la evidencia directa del contenido estomacal sigue siendo esquiva.
Sin esto, determinar definitivamente qué comían estos pulpos, o el alcance preciso en que competían con otros depredadores superiores, presenta un desafío científico continuo. Podrían haber consumido varios peces o caracoles, usando sus brazos flexibles para capturar presas antes de desmembrarlas con sus poderosos picos. Resolver esto requerirá más descubrimientos fósiles con una preservación excepcional.
A pesar de estas preguntas persistentes, los investigadores concluyeron que sus hallazgos demuestran un camino evolutivo claro. "Nuestros hallazgos muestran que las mandíbulas poderosas y la pérdida de esqueletos superficiales transformaron convergentemente a los cefalópodos y vertebrados marinos en depredadores enormes e inteligentes", escribieron los autores del estudio en Science. Esta evolución convergente sugiere que diferentes ramas de la vida llegaron a soluciones similares para alcanzar el estatus de depredador ápice, aprovechando características anatómicas distintas para dominar sus entornos. Esta reevaluación de los antiguos ecosistemas marinos subraya la naturaleza dinámica y a menudo sorprendente de la evolución.
Nos recuerda que la narrativa del pasado de la Tierra se refina constantemente con nuevos datos. El descubrimiento de estos pulpos colosales cambia nuestra comprensión de la asignación de recursos y la estructura de la red alimentaria en el período Cretácico, ilustrando cómo diversas formas de vida encontraron maneras de prosperar y dominar. La política comercial es política exterior por otros medios, y en el ámbito científico, las nuevas técnicas de observación remodelan nuestra comprensión de las antiguas 'políticas' biológicas de supervivencia y dominio.
Por qué es importante:
Esta investigación redefine fundamentalmente nuestra comprensión de las antiguas redes alimentarias marinas y el papel de los invertebrados dentro de ellas. Demuestra que las criaturas de cuerpo blando podían alcanzar tamaños y capacidades depredadoras previamente atribuidas casi exclusivamente a los vertebrados. Para los biólogos evolutivos, ofrece nuevas perspectivas sobre la evolución convergente, donde linajes distintos desarrollan rasgos similares bajo presiones ambientales similares.
También destaca el potencial transformador de las nuevas tecnologías, como la minería digital de fósiles, para descubrir verdades ocultas del registro geológico, ampliando los límites de lo posible en la investigación paleontológica. Puntos clave:
- Nuevos análisis de mandíbulas fosilizadas revelan que pulpos antiguos crecieron hasta 19 metros de largo hace 100 millones de años.
- Estos cefalópodos colosales probablemente cazaban presas con caparazón duro y óseas, desafiando las visiones anteriores de los depredadores ápice del Cretácico.
- Los investigadores utilizaron la minería digital de fósiles para descubrir especímenes de mandíbulas adicionales, ampliando el conjunto de datos para el estudio.
- Los hallazgos sugieren una evolución convergente, donde invertebrados y vertebrados desarrollaron rasgos depredadores similares. La búsqueda de fósiles de pulpo en otras ubicaciones a nivel mundial podría arrojar más información.
Neil Landman, paleontólogo del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, quien no participó en la investigación, enfatizó la vastedad del territorio inexplorado. Landman observó, sugiriendo que aún quedan amplias oportunidades para reconstruir el ecosistema marino completo a través del tiempo geológico. Es probable que los científicos apliquen la minería digital de fósiles a colecciones de rocas existentes y a nuevas excavaciones, con la esperanza de descubrir más pistas ocultas sobre estos invertebrados antiguos y formidables y su lugar en los océanos prehistóricos.
Puntos clave
— - Nuevos análisis de mandíbulas fosilizadas revelan que pulpos antiguos crecieron hasta 19 metros de largo hace 100 millones de años.
— - Estos cefalópodos colosales probablemente cazaban presas con caparazón duro y óseas, desafiando las visiones anteriores de los depredadores ápice del Cretácico.
— - Los investigadores utilizaron la minería digital de fósiles para descubrir especímenes de mandíbulas adicionales, ampliando el conjunto de datos para el estudio.
— - Los hallazgos sugieren una evolución convergente, donde invertebrados y vertebrados desarrollaron rasgos depredadores similares.
Fuente: CBS News









