Reza Pahlavi, el hijo exiliado del antiguo Shah de Irán, lanzó esta semana en Berlín una campaña para movilizar el apoyo europeo para derrocar al actual liderazgo de Irán, reuniéndose con legisladores pero no con funcionarios del gobierno alemán. Su visita, que concluyó el jueves, puso de manifiesto una creciente divergencia en la forma en que las potencias occidentales gestionan las relaciones con Teherán, con Pahlavi afirmando que la negociación continua solo afianza la estructura de poder existente, según declaraciones de su rueda de prensa. Calificó la negativa del gobierno alemán a entablar un diálogo directo como "una vergüenza".
Reza Pahlavi, quien vive exiliado en el estado estadounidense de Maryland, llegó a la capital alemana como parte de un esfuerzo más amplio para construir una coalición internacional contra la República Islámica. Su agenda incluyó discursos y reuniones con diversas figuras políticas, eludiendo los canales gubernamentales oficiales. Esta estrategia subraya los desafíos que enfrentan las figuras de la oposición que buscan legitimidad y un respaldo concreto de naciones democráticas establecidas.
Durante una rueda de prensa el jueves, Pahlavi, de 65 años, envió un mensaje directo a los gobiernos europeos: dejen de negociar con la actual administración de Irán. Argumentó que cualquier intento de encontrar puntos en común o hacer la paz con el régimen está fundamentalmente equivocado. "Si creen que pueden hacer la paz con este régimen, están muy equivocados", afirmó Pahlavi, añadiendo que "nunca habrá estabilidad, incluso si sobrevive una versión diluida de este sistema". Presentó una elección cruda para Europa: alinearse con "un régimen moribundo que nos pone en peligro a todos" o abrazar "un Irán libre". Esto es un ultimátum claro. Afirmó además que el actual liderazgo iraní se encuentra en su punto más débil. "El régimen nunca ha sido tan frágil como ahora", afirmó Pahlavi, describiéndolo como "una bestia herida". Descartó la noción de reformistas o pragmáticos dentro de la actual estructura de poder, afirmando que son meramente "diferentes caras de un régimen". Sus palabras buscaron proyectar una imagen de cambio inminente y una oportunidad propicia para la presión externa.
A pesar de la enérgica retórica de Pahlavi, el gobierno federal alemán mantuvo su distancia. El ministro de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, abordó la falta de reuniones oficiales, explicando que Pahlavi visitó Alemania como un particular. "No es el papel del gobierno federal mantener tales conversaciones", dijo Wadephul a los periodistas. Esta postura refleja un protocolo diplomático de larga data, que separa el compromiso con ciudadanos privados de las interacciones formales entre estados.
Pahlavi, sin embargo, consideró esto como una traición a los principios democráticos. Acusó a Berlín de dejarse presionar por Teherán, afirmando que los gobiernos democráticos deberían "hablar con la gente que es la voz de los sin voz".
En contraste con la postura del gobierno, Armin Laschet, un destacado legislador de la conservadora Unión Demócrata Cristiana (CDU) del Canciller Friedrich Merz y presidente de la comisión de política exterior del Bundestag, optó por reunirse con Pahlavi. Laschet defendió públicamente su decisión, expresando confianza en el papel potencial de Pahlavi. "Es el único rostro conocido de la oposición", dijo Laschet a la emisora pública ARD. "Y para muchos iraníes, es simplemente la alternativa al régimen de los mulás por ahora". Esto pone de manifiesto una división dentro del panorama político alemán con respecto al compromiso con las figuras de la oposición iraní. Laschet enfatizó que Pahlavi se ve a sí mismo como una "figura de transición, no como un gobernante permanente, ni como un nuevo Shah". Esta distinción es crucial para muchos que se oponen a un retorno a la monarquía.
El propio Pahlavi expresó certeza sobre su apoyo entre los iraníes, afirmando que millones han coreado su nombre en las calles. "Confían en mí", declaró. Estas declaraciones buscan demostrar un movimiento de base que respalda su visión. Sin embargo, el alcance exacto de este apoyo interno dentro de Irán sigue siendo difícil de verificar de forma independiente.
La política dice una cosa desde un podio. La realidad sobre el terreno a menudo cuenta otra historia. Reza Pahlavi es el hijo mayor de Mohammad Reza Pahlavi, el último Shah de Irán, quien fue depuesto durante la Revolución Islámica de 1979.
Tras la revolución, la familia real se exilió, y Pahlavi se ha posicionado desde entonces como un líder potencial para una transición democrática en Irán. Su linaje le otorga un cierto nivel de reconocimiento, particularmente entre las facciones monárquicas dentro de la diáspora iraní. Esta conexión histórica es tanto una fortaleza como un punto de contención.
Sin embargo, su estatus como exmiembro de la familia real crea divisiones entre los diversos grupos de oposición de Irán. Algunas facciones rechazan cualquier retorno a un sistema monárquico, viéndolo como un paso atrás en lugar de un avance para las aspiraciones democráticas. Los críticos han planteado preguntas sobre su legitimidad democrática, dada su pretensión heredada de liderazgo en lugar de una ganada a través de procesos electorales.
También han surgido preocupaciones sobre su percibida cercanía a Israel, un tema delicado para muchos iraníes. Lo que esto significa en realidad para las familias, ya sea en Teherán o en el extranjero, es una oposición fracturada que lucha por un propósito unificado. La efectividad de la campaña internacional de Pahlavi también se enfrenta a la realidad de la dinámica interna actual de Irán.
A pesar de semanas de ataques de EE. UU. e Israel y un bloqueo sostenido por la Marina de EE. UU., Teherán no ha mostrado signos tangibles de ceder. El liderazgo del país parece haber consolidado su poder, haciendo que un cambio repentino en el liderazgo parezca cada vez más improbable a corto plazo, según varios informes internacionales. Esta resiliencia complica cualquier esfuerzo externo para desestabilizar el régimen.
Este baile diplomático en Berlín revela los complejos cálculos que hacen los gobiernos europeos al tratar con Irán. Deben equilibrar las preocupaciones por los derechos humanos y las aspiraciones de los movimientos de oposición con las realidades de la estabilidad internacional y las negociaciones nucleares en curso. Ignorar las voces de la oposición corre el riesgo de alienar a segmentos de la población iraní.
Comprometerse demasiado de cerca corre el riesgo de antagonizar a Teherán y poner en peligro delicados canales diplomáticos. Para las familias trabajadoras dentro de Irán, estas discusiones de alto nivel pueden parecer distantes, sin embargo, sus resultados moldean directamente la vida diaria, desde las sanciones económicas hasta la perspectiva de libertades sociales. - Reza Pahlavi, hijo del último Shah de Irán, buscó apoyo europeo para un cambio de régimen en Berlín. - El gobierno alemán rechazó reuniones oficiales con Pahlavi, citando su estatus privado. - El destacado legislador de la CDU, Armin Laschet, se reunió con Pahlavi, calificándolo como una figura de transición potencial. - Pahlavi criticó la postura de Alemania, acusando a Berlín de apaciguar al régimen iraní. - Las afirmaciones de Pahlavi sobre un apoyo generalizado y la fragilidad del régimen siguen siendo en gran parte no verificadas. Los próximos meses pondrán a prueba la determinación tanto de la oposición iraní en el exilio como de las estrategias diplomáticas europeas.
Los observadores estarán atentos a cualquier cambio en el compromiso europeo con el movimiento de Pahlavi o a un endurecimiento de su postura hacia Teherán. El panorama político interno de Irán, particularmente cualquier signo de disidencia o consolidación, será un indicador clave de lo que vendrá. Además, cómo Pahlavi continúe unificando facciones de oposición dispares determinará la viabilidad a largo plazo de su campaña por un futuro Irán.
Sus próximos pasos podrían definir la trayectoria del movimiento.
Puntos clave
— - Reza Pahlavi, hijo del último Shah de Irán, buscó apoyo europeo para un cambio de régimen en Berlín.
— - El gobierno alemán rechazó reuniones oficiales con Pahlavi, citando su estatus privado.
— - El destacado legislador de la CDU, Armin Laschet, se reunió con Pahlavi, calificándolo como una figura de transición potencial.
— - Pahlavi criticó la postura de Alemania, acusando a Berlín de apaciguar al régimen iraní.
Fuente: DW









