Åsmund Aukrust, Ministro de Desarrollo de Noruega, afirmó el firme compromiso de Oslo de destinar el uno por ciento de su Renta Nacional Bruta a la ayuda exterior, una política que se mantiene incluso cuando otras naciones europeas reducen sus contribuciones. Esta decisión estratégica, declaró Aukrust, refleja la creencia de Noruega de que la solidaridad internacional y un orden sólido basado en normas son esenciales para la estabilidad global y su propia prosperidad a largo plazo. Sus experiencias personales, marcadas por el ataque terrorista de Utøya en 2011, sustentan esta determinación.
La capacidad de Noruega para mantener sus compromisos de ayuda exterior proviene directamente de sus sustanciales reservas de petróleo y gas, gestionadas a través del fondo soberano de riqueza más grande del mundo. Este fondo, que supera los 2 billones de dólares, proporciona aproximadamente una cuarta parte del presupuesto anual del gobierno, según The Independent. Esta base financiera única permite a Oslo mantener su promesa de ayuda, un marcado contraste con otras naciones europeas ricas.
Gran Bretaña, por ejemplo, ha reducido su ayuda exterior al 0,3 por ciento de su RNB. Francia ahora asigna el 0,38 por ciento. La cifra de Alemania se sitúa en el 0,43 por ciento. Åsmund Aukrust, de 41 años, asumió su actual cartera en la administración de centro-izquierda de Noruega con una profunda convicción en el poder de la política.
Su creencia se solidificó después de sobrevivir al ataque terrorista de 2011 en la isla de Utøya. El 22 de julio de 2011, Aukrust, entonces un joven miembro del Partido Laborista de 26 años, fue testigo de las secuelas del ataque de Anders Breivik, un neonazi, que mató a 69 personas en un campamento de verano. Se escondió en una tienda de campaña hasta la captura de Breivik.
Ese día, dice, marcó profundamente a Noruega. “Para mí, resaltó lo vitalmente importante que es la política, que es, sencillamente, una cuestión de vida o muerte”, dijo Aukrust a The Independent. “Estar expuesto al racismo, la discriminación y el odio, apenas hay algo peor que eso”. Esta experiencia personal fundamenta su convicción de que la cooperación internacional y la defensa de los valores democráticos no son ideales abstractos, sino cruciales para la supervivencia humana y la estabilidad global. Los números en el manifiesto de envío cuentan la verdadera historia de la interconexión. Las interrupciones lejanas afectan a todos.
El ataque de Breivik comenzó ese mismo día con un coche bomba en Oslo, matando a ocho personas y dañando gravemente el edificio del gobierno noruego. Aukrust habló con The Independent poco antes del regreso del Ministerio de Asuntos Exteriores a su sede central en la ciudad, casi quince años después. “Es un recordatorio de que hemos pasado por momentos difíciles en Noruega”, explicó Aukrust. “El ataque terrorista del 22 de julio fue un intento de destruir nuestra sociedad democrática y diversa, y lo hemos superado”. Este movimiento representa un momento significativo para el país, simbolizando la resiliencia. Esta resiliencia se extiende a la política exterior de Noruega, donde la ayuda se considera un instrumento crítico para defender el derecho internacional y promover un orden global seguro.
Aukrust expresó su preocupación por la “crisis financiera en torno al desarrollo” y la “crisis política que enfrentamos con los ataques al principio fundamental del multilateralismo y el orden internacional basado en normas”. Para una nación geográficamente grande pero numéricamente pequeña como Noruega, rodeada de vecinos poderosos, la adhesión al derecho internacional se convierte en una cuestión de seguridad nacional. Su frontera norte con Rusia es un claro recordatorio de esta realidad. “En Oslo, estamos más cerca de Ucrania que de nuestra frontera norte con Rusia”, observó Aukrust. Argumentó que los mismos marcos legales que protegen a las personas en Gaza o Ucrania, en última instancia, protegen a Noruega.
Esta perspectiva subraya un pragmático interés propio en mantener un programa de ayuda bien financiado. El costo económico de la inestabilidad puede repercutir a nivel mundial. Considérese la guerra civil siria, que llevó a cientos de miles de refugiados a las fronteras de Europa.
O la pandemia de COVID-19, una crisis sanitaria que ignoró las fronteras nacionales. Los programas de ayuda exterior eficaces pueden mitigar tales amenazas, protegiendo no solo a poblaciones distantes, sino también las propias fronteras y la salud pública de Noruega. El compromiso de Noruega con la ayuda también refleja una larga tradición de solidaridad internacional, que se remonta a su primer programa de ayuda en la India poco después de la Segunda Guerra Mundial.
Esta perspectiva histórica moldea su respuesta actual a las crisis en curso. El mundo de 2026 enfrenta numerosas emergencias humanitarias, incluidos conflictos en Ucrania, Gaza y Sudán. Noruega ha anunciado un apoyo sustancial para las víctimas en Oriente Medio, incluso mientras sus propias exportaciones de petróleo aumentaron un 68 por ciento en marzo, alcanzando un récord, según informó The Independent.
El Ministro de Asuntos Exteriores, Espen Barth Eide, señaló que la guerra estaba “haciendo el mundo más peligroso para todos”.
La política comercial es política exterior por otros medios, y la ayuda sirve como fuerza estabilizadora para las redes comerciales globales. Aukrust reconoció que los programas de ayuda no están exentos de ineficiencias. Noruega participa activamente en las discusiones sobre la reforma de las Naciones Unidas. “La ONU nunca será perfecta, pero necesita ser mejor y más eficiente”, afirmó el ministro.
A nivel nacional, el gobierno está consultando sobre una nueva estrategia de desarrollo para mejorar la eficacia de la entrega de ayuda, incorporando aportaciones de investigadores, activistas y miembros de la sociedad civil. Estas reformas tienen como objetivo mejorar la eficiencia sin reducir los niveles de financiación. “El objetivo no es recortar nuestra financiación, sino gastarla de manera más efectiva”, aclaró Aukrust. Señaló que muchos países luchan por atraer capital extranjero más allá de la ayuda.
También enfatizó la importancia de la autocrítica dentro de la comunidad de desarrollo, argumentando que la ayuda y el desarrollo son con demasiada frecuencia criticados solo por aquellos que buscan reducir los presupuestos. Este enfoque sugiere una comprensión matizada de las realidades económicas globales. El nuevo enfoque de desarrollo de Noruega prioriza áreas como el cambio climático y las mujeres y niñas.
Estas áreas han visto un apoyo reducido de otros donantes importantes. Estados Unidos, tradicionalmente el mayor donante de ayuda del mundo, redujo sus compromisos bajo la administración anterior, afectando particularmente las iniciativas de derechos reproductivos. “Cuando se trata del tema de los derechos sexuales o reproductivos, estamos adoptando una posición política muy clara, que es que son áreas del más alto valor”, afirmó Aukrust. Esta postura guía el ecosistema de ayuda de Noruega.
Kaj-Martin Georgsen, Secretario General de la rama noruega de CARE, una organización sin fines de lucro, confirmó este cambio. Señaló que CARE ha enfrentado “recortes financieros, así como ataques políticos a nuestra misión central de género”. Su organización respondió intensificando los programas centrados en el género. Sin embargo, la extensión de la política de la Ciudad de México por parte de la administración estadounidense anterior, que prohíbe a los grupos que reciben ayuda exterior promover el aborto, ahora incluye programas de identidad de género y diversidad, creando nuevos desafíos. “Se está volviendo más complicado ejecutar programas centrados en el género”, dijo Georgsen a The Independent.
Teme una reducción de tales iniciativas debido a los recortes de financiación y una creciente percepción de los derechos de las mujeres como un “complemento o lujo”. Subrayó la necesidad de ver la ayuda más allá de la respuesta humanitaria, como un esfuerzo para construir sociedades resilientes a largo plazo. A pesar del compromiso del actual gobierno minoritario laborista, Noruega no es inmune a las fuerzas populistas. La oposición oficial, el Partido del Progreso, aboga por reducciones significativas en el presupuesto de ayuda.
Sin embargo, las encuestas de opinión indican un fuerte apoyo público continuo a los altos niveles de ayuda de Noruega. En la izquierda, han surgido preocupaciones con respecto a una disminución de la parte del presupuesto de ayuda destinada a la reducción de la pobreza, con Ucrania y el apoyo a los refugiados recibiendo mayores fondos. “Tenemos un gran presupuesto de casi 60 mil millones de NOK [4.600 millones de libras esterlinas] pero todavía hay una enorme presión sobre cada céntimo”, respondió Aukrust. “Desafortunadamente, hay enormes necesidades en todas partes. Ucrania es nuestro mayor receptor en este momento, seguida de Palestina, y creo que esto es absolutamente correcto”. Esto refleja los argumentos esgrimidos por el Partido Laborista del Reino Unido para mantener la ayuda a Ucrania y Gaza mientras se reducen los fondos para África.
Más allá de las preocupaciones humanitarias inmediatas, Aukrust mantiene una visión clara sobre el calentamiento del planeta. “El cambio climático es el mayor desafío de nuestro tiempo, y existe un vínculo claro entre el cambio climático y el desarrollo en el que nos centramos”, afirmó. “Me resulta imposible entender cómo el vínculo entre el cambio climático y el desarrollo se ha vuelto tan controvertido”. Este enfoque se tradujo en acciones concretas en la COP30, la conferencia climática de la ONU en Brasil en noviembre. Allí, Noruega prometió 3 mil millones de dólares al Fondo Permanente para los Bosques Tropicales (TFFF, por sus siglas en inglés), un fondo insignia iniciado por el presidente Lula de Brasil. Este fondo tiene como objetivo compensar a los países en desarrollo por preservar sus bosques en pie.
La contribución de Noruega representó casi la mitad del total de 6.7 mil millones de dólares recaudados, mientras que otras naciones, incluido el Reino Unido, no contribuyeron. Este compromiso sustancial evitó el posible fracaso del proyecto. Así es como la ayuda apoya directamente las cadenas de suministro ambientales globales, protegiendo recursos vitales para todos.
Aukrust reconoció la facilidad con la que se pierde la esperanza al observar el estado global actual. Sin embargo, extrae fuerza de precedentes históricos, citando desafíos pasados como “guerras, colonización y Apartheid” que la humanidad ha superado. Cree que con la solidaridad global, apoyada por la ayuda exterior de las naciones ricas, los desafíos globales actuales también pueden ser afrontados.
Lo que realmente lo motiva, añadió, es la humanidad perdurable que se encuentra incluso en las regiones más devastadas. “Lo que realmente me da esperanza cuando viajo a lugares afectados por crisis o conflictos es encontrarme con la gente, tanta gente buena, que incluso en las horas más oscuras es capaz de cuidarse y protegerse mutuamente”, compartió. La gente, concluyó, es siempre la heroína de la historia. - Noruega mantiene su ayuda exterior en el uno por ciento de su RNB, apoyada por su fondo soberano de riqueza de 2 billones de dólares. - La experiencia personal del Ministro de Desarrollo Åsmund Aukrust con el ataque de Utøya en 2011 fundamenta su compromiso con la cooperación internacional. - La ayuda se considera una inversión estratégica en la estabilidad global, protegiendo los intereses de Noruega contra amenazas como la migración y las crisis sanitarias. - Noruega prioriza el cambio climático y los derechos de las mujeres en su estrategia de ayuda, contrastando con los cambios de otros donantes importantes. La consulta en curso de Oslo para una nueva estrategia de desarrollo definirá cómo se asignará y reformará este sustancial presupuesto de ayuda.
Observadores internacionales monitorearán la implementación de estas reformas, particularmente cómo Noruega equilibra las demandas contrapuestas de ayuda en medio de los conflictos globales en curso y los imperativos del cambio climático. La efectividad de sus programas específicos, especialmente en áreas como el clima y el género, ofrecerá un estudio de caso sobre cómo las naciones ricas pueden aprovechar el poder financiero para una estabilidad global más amplia, impactando las cadenas de suministro invisibles que conectan diversas economías.
Puntos Clave
— - Noruega mantiene su ayuda exterior en el uno por ciento de su RNB, apoyada por su fondo soberano de riqueza de 2 billones de dólares.
— - La experiencia personal del Ministro de Desarrollo Åsmund Aukrust con el ataque de Utøya en 2011 fundamenta su compromiso con la cooperación internacional.
— - La ayuda se considera una inversión estratégica en la estabilidad global, protegiendo los intereses de Noruega contra amenazas como la migración y las crisis sanitarias.
— - Noruega prioriza el cambio climático y los derechos de las mujeres en su estrategia de ayuda, contrastando con los cambios de otros donantes importantes.
Fuente: The Independent









