Una fotografía que muestra a un soldado israelí empuñando un mazo contra una estatua de Jesucristo cerca de Debl, en el sur del Líbano, ha provocado una condena generalizada y ha intensificado las críticas a Israel dentro de Estados Unidos. El incidente, capturado y compartido en las redes sociales, ha generado una ira específica en un segmento de la base conservadora del expresidente estadounidense Donald Trump, según comentarios de destacados comentaristas de derecha. Esta exhibición pública de destrucción expone fisuras más profundas en una alianza geopolítica de larga data.
El incidente, que según fuentes locales ocurrió cerca de la ciudad de Debl, en el sur del Líbano, muestra a un soldado israelí involucrado en la destrucción deliberada de un artefacto religioso cristiano. La imagen, que circuló ampliamente por las plataformas digitales, muestra al soldado golpeando la cabeza de la estatua de Jesucristo con un mazo. Este acto, aunque aislado en su ejecución inmediata, se convirtió rápidamente en un punto de conflicto, destacando tensiones más amplias y agravios históricos que van mucho más allá de un solo momento de vandalismo.
La inmediatez de la acción, un asalto físico a un símbolo venerado, resonó con una fuerza que a menudo carecen los debates políticos abstractos. El exaliado de Trump y comentarista de derecha Tucker Carlson fue una de las primeras voces prominentes en denunciar el acto. “Nunca lo sabrías si consumes los medios corporativos estadounidenses, pero este tipo de incidentes no es raro”, afirmó Carlson en su boletín del lunes, según informó Al Jazeera. Afirmó que el gobierno israelí ha permitido a sus soldados actuar sin restricciones durante décadas, todo mientras recibe un respaldo financiero sustancial de Estados Unidos.
Carlson argumentó que las plataformas de redes sociales ahora simplemente ofrecen una ventana a comportamientos que antes eran menos visibles para el público global. Sus comentarios subrayaron una creciente desilusión entre algunos conservadores que alguna vez ofrecieron un apoyo inquebrantable a Israel. Marjorie Taylor Greene, una excongresista republicana cuyas opiniones sobre política exterior han divergido de las posturas más belicistas de Trump, vinculó explícitamente el incidente con la ayuda financiera de EE. UU. “‘Nuestro mayor aliado’ que se lleva miles de millones de dólares de nuestros contribuyentes y armas cada año”, escribió Greene en X, haciendo referencia directa a la fotografía del soldado y la estatua.
Su comentario destaca una crítica persistente con respecto a las vastas sumas de asistencia militar estadounidense proporcionadas a Israel anualmente. Matt Gaetz, otro excongresista republicano y en su momento confidente de Trump, ofreció una reacción concisa y contundente: “Horrible”. Estas condenas directas de figuras que antes estaban firmemente dentro de la corriente principal republicana señalan un cambio notable en el panorama político. El periodista independiente Glenn Greenwald, conocido por sus críticas a la política exterior de EE. UU., utilizó el incidente para satirizar a los sionistas cristianos.
Greenwald publicó en X, burlándose de cómo un grupo así podría racionalizar la destrucción: “Sionistas cristianos: Este soldado israelí estaba absolutamente justificado al destrozar la cabeza de la estatua de Jesucristo porque Hezbolá y Hamás se escondían dentro. Le debemos nuestra gratitud”. Esta observación apunta a la dinámica compleja y a menudo contradictoria dentro del apoyo evangélico estadounidense a Israel, donde las creencias teológicas a veces chocan con los resultados políticos prácticos. Las cuentas no siempre cuadran para quienes intentan conciliar estas posiciones.
La indignación se hace eco de un escepticismo más amplio y creciente hacia la estrecha alianza con Israel dentro del electorado “Make America Great Again” (MAGA) de Trump. Este segmento de la base republicana, tradicionalmente un fuerte defensor de Israel, ha comenzado a cuestionar la relación en medio de conflictos prolongados en Oriente Medio y ataques percibidos contra comunidades cristianas. El propio presidente Trump se enfrentó recientemente a presiones por las afirmaciones de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había arrastrado a EE. UU. a un conflicto con Irán, una situación que disparó los precios mundiales del petróleo.
Trump abordó y negó estas afirmaciones el lunes. Las encuestas de opinión pública indican que el apoyo general a Israel en Estados Unidos ha alcanzado un mínimo histórico, complicando aún más el cálculo político para Washington. La profanación de la estatua provocó una respuesta inusualmente rápida y contundente de los más altos niveles del gobierno israelí.
El primer ministro Benjamin Netanyahu condenó el acto en los términos más enérgicos. “Las autoridades militares están llevando a cabo una investigación criminal sobre el asunto y tomarán las medidas disciplinarias severas apropiadas contra el infractor”, declaró Netanyahu el domingo. Esta rápida condena oficial contrasta con un patrón histórico en el que Israel rara vez responsabiliza a sus soldados por abusos documentados en Gaza, la Cisjordania ocupada y el Líbano, incluidas instancias de violencia sexual. Netanyahu, quien ha estado lidiando con una orden de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI) desde 2024 por cargos de crímenes de guerra en Gaza, enfrenta un inmenso escrutinio internacional.
Netanyahu continuó argumentando que Israel trata a los cristianos con mayor respeto que cualquier otro país de la región. “Mientras los cristianos son masacrados en Siria y Líbano por musulmanes, la población cristiana en Israel prospera a diferencia de cualquier otro lugar en Oriente Medio”, afirmó el primer ministro israelí. Afirmó que Israel es el único país de la región donde la población cristiana y el nivel de vida están creciendo. Sin embargo, Líbano mantiene la mayor población cristiana per cápita en Oriente Medio, con su presidente tradicionalmente un católico maronita.
Esto es lo que no le están diciendo: la realidad demográfica en algunos estados vecinos complica tales afirmaciones generales. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, se unió a Netanyahu para denunciar públicamente la destrucción de la estatua, afirmando que el acto era “totalmente contrario” a los valores israelíes. Si bien los partidarios israelíes intentaron enmarcar la destrucción de la estatua como un error aislado de un solo soldado, el incidente encaja dentro de un patrón documentado de acciones israelíes contra lugares de culto, incluidas iglesias, en la región.
Este patrón desafía la narrativa de un incidente aislado, sugiriendo un problema más sistémico. En 2024, tropas israelíes filmaron una boda simulada entre dos soldados dentro de una iglesia en Deir Mimas, Líbano, y posteriormente vandalizaron el edificio. Este evento anterior subraya un preocupante desprecio por los espacios sagrados.
El año pasado, un tanque israelí demolió una estatua de San Jorge en la aldea de Yaroun, en el sur del Líbano, lo que se suma a la lista de incidentes similares. Estas acciones no son meras ocurrencias aleatorias; reflejan una tendencia preocupante que ha sido observada y documentada por varias organizaciones a lo largo del tiempo. Siga la influencia, no la retórica, para comprender la falta de rendición de cuentas consistente.
La destrucción se extiende más allá de las fronteras del Líbano. Israel ha bombardeado iglesias palestinas varias veces en Gaza desde el comienzo de su intensa campaña militar en el enclave. Uno de esos ataques en 2023, según los informes, mató al menos a 18 personas.
Funcionarios locales en Gaza informan que Israel ha destruido más de 1.000 mezquitas y tres iglesias durante el conflicto. Estas cifras pintan un panorama de devastación generalizada que afecta a sitios religiosos en todos los territorios, no solo actos aislados de vandalismo. La Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa emitió una enérgica condena al ataque a la estatua el lunes. “Este acto constituye una grave afrenta a la fe cristiana y se suma a otros incidentes reportados de profanación de símbolos cristianos por parte de soldados [israelíes] en el sur del Líbano”, decía su comunicado.
La asamblea indicó además que el incidente “revela un preocupante fracaso en la formación moral y humana, donde incluso la reverencia más elemental por lo sagrado y por la dignidad de los demás ha sido gravemente comprometida”. Esta voz institucional habla de una preocupación más profunda sobre la conducta militar y los estándares éticos. El incidente ocurrió mientras las fuerzas israelíes continuaban las operaciones para destruir hogares e infraestructura civil en docenas de aldeas libanesas, con el objetivo de evitar el regreso de los residentes. El pastor palestino Munther Isaac, en una publicación en redes sociales el lunes, cambió el foco de la indignación. “La indignación no debería ser por una estatua de Jesús destruida – por abominable que sea”, escribió Isaac. “La verdadera indignación es el ataque a civiles, el asalto a la dignidad humana, la devastación en Gaza y Líbano.
La guerra es malvada. Necesitamos rendición de cuentas”. Sus palabras piden una perspectiva más amplia sobre el costo humano del conflicto. El Consejo de Relaciones Americano-Islámicas (CAIR) hizo un llamado al presidente Trump y al Congreso de EE. UU.
para que intervengan y detengan las violaciones israelíes tras la destrucción de la estatua. “Durante años, nuestro gobierno ha ignorado y permitido los persistentes ataques israelíes contra iglesias y cristianos en Líbano, Gaza y otros lugares”, afirmó CAIR. Su mensaje a los funcionarios públicos estadounidenses fue directo: “Si continúan enviando más armas y brindan cobertura política para las acciones deshonestas de Israel, ustedes son responsables de lo que ven en esta imagen”. Esta declaración vincula directamente la política de EE. UU. con los resultados sobre el terreno. Por qué es importante: Este incidente es más que un simple acto de vandalismo; representa un punto de fractura crítico en las percepciones globales del ejército israelí y su conducta.
Para Estados Unidos, exacerba las tensiones existentes dentro del Partido Republicano, particularmente entre un segmento de la base conservadora que cuestiona cada vez más el apoyo incondicional a Israel. La destrucción de un símbolo cristiano por parte de un soldado israelí desafía la narrativa de valores compartidos que a menudo se utiliza para justificar la alianza, especialmente para los votantes sionistas cristianos. A nivel regional, inflama aún más las sensibilidades religiosas y proporciona material de propaganda potente para grupos que buscan socavar la posición internacional de Israel.
El incidente también destaca el costo humanitario continuo en el sur del Líbano y Gaza, donde la infraestructura civil y los lugares de culto enfrentan una destrucción sostenida, en relación con la rendición de cuentas por las acciones militares. Puntos clave: - Un soldado israelí destrozó una estatua de Jesucristo en el sur del Líbano, documentado en redes sociales. - El acto provocó una fuerte condena de destacadas figuras conservadoras de EE. UU., incluidos Tucker Carlson y Marjorie Taylor Greene. - El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, denunció rápidamente el acto, prometiendo una investigación criminal y medidas disciplinarias. - El incidente encaja en un patrón de acciones israelíes reportadas contra sitios cristianos en Líbano y Gaza, desafiando las afirmaciones de un evento aislado. - El evento profundiza las divisiones dentro del Partido Republicano de EE. UU. y plantea preguntas sobre la ayuda militar estadounidense a Israel.
De cara al futuro, la investigación criminal prometida por el ejército israelí enfrentará un intenso escrutinio, tanto a nivel nacional como internacional. Sus hallazgos y cualquier acción disciplinaria posterior serán observados de cerca como una prueba de rendición de cuentas. En Washington, es probable que el incidente alimente un mayor debate en el Congreso sobre el futuro de la ayuda de EE. UU. a Israel, particularmente a medida que se acercan las elecciones de mitad de período de 2026.
Las operaciones militares en curso en el sur del Líbano y Gaza, junto con la creciente crisis humanitaria, seguirán dando forma al discurso público y potencialmente influirán en los esfuerzos diplomáticos para desescalar las tensiones regionales. El impacto a largo plazo en la relación entre EE. UU. e Israel, tradicionalmente sólida, sigue siendo un punto significativo de observación.
Puntos clave
— - Un soldado israelí destrozó una estatua de Jesucristo en el sur del Líbano, documentado en redes sociales.
— - El acto provocó una fuerte condena de destacadas figuras conservadoras de EE. UU., incluidos Tucker Carlson y Marjorie Taylor Greene.
— - El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, denunció rápidamente el acto, prometiendo una investigación criminal y medidas disciplinarias.
— - El incidente encaja en un patrón de acciones israelíes reportadas contra sitios cristianos en Líbano y Gaza, desafiando las afirmaciones de un evento aislado.
— - El evento profundiza las divisiones dentro del Partido Republicano de EE. UU. y plantea preguntas sobre la ayuda militar estadounidense a Israel.
Fuente: Al Jazeera
